Desapariciones llenas de incógnitas

Francisco José Martínez se une a otras ocho personas de la zona que siguen en paradero desconocido. Su familia realizó en Boiro, sin éxito, una de las batidas más importantes

j. m. sande
Ribeira / la voz

Ha pasado una semana desde que el ribeirense Francisco José Martínez Pego desapareció. Antes de hacerlo dejó una nota en su casa de Escarabote, en la que se despedía de la mujer con la que vivía: «Gracias por todo y perdón por las molestias». Sus familiares llevan siete días buscándolo sin éxito. Ayer completaron la batida más importante hasta el momento por los montes de Boiro, aunque tampoco hallaron ninguna pista que indique qué pudo hacer. Francisco Martínez se une así a una lista de ocho personas que desaparecieron en Barbanza y que, años después, todavía se desconoce su paradero.

El último fue el vecino de Lousame José Manuel Busto, joven que fue visto por última vez en Ribeira el 27 de octubre del 2016 cuando realizaba prácticas en una firma ubicada en la capital barbanzana. Nunca regresó a casa y, tras días inspeccionando la comarca, un peregrino encontró su teléfono móvil y un reloj en Fisterra, aunque no su cuerpo. A principios de ese mismo año, Lino Fiuza desapareció en Carnota tras salir a pasear. Su familia todavía sigue buscándolo en sus días libres. Los cazadores de la zona, y otras personas asiduas a los montes en los que se presupone que transitó el octogenario siguen alerta por si hallan algún objeto que se pueda relacionar con el carnotano.

Una de las más enigmáticas fue la de Manuela Lorenzo, vecina de Boimazán, que fue vista por última vez el 25 de julio del 2015. Tras la detención de José Enrique Abuín Gey, El Chicle, como asesino confeso de Diana Quer, la Guardia Civil estudió una posible relación entre ambos casos, ya que la mujer vivía a pocos kilómetros del reo. Finalmente, los investigadores acabaron descartando esta hipótesis.

Un caso en Cabío

Más tiempo ha pasado en otros casos que todavía siguen sin respuesta. Es la historia de Antonio González, que desapareció en A Pobra en el 2008. Lo hizo después de salir a pasear por la playa de Cabío y nunca regresó a casa. La compostelana María José Arcos tampoco apareció, después de que su vehículo se encontrara aparcado en el faro de Corrubedo. Era 1996, pero su cuerpo nunca llegó a divisarse.

El mar también ha sido protagonista en episodios cargados de dramatismo, ya que tres hombres de la comarca jamás regresaron a tierra. Ellos son Jacobo Hernández, cuya embarcación se fue a pique cerca de Vionta en el año 2003. Además, dos de los tres marineros del Paquito Nº Dos, Santiago Blanco Treus, conocido como Mané, y Antonio Hermo Torrado, Raúl.

La familia de Martínez Pego se plantea ahora inspeccionar los montes del término de Noia. Por el momento no hay nada claro, ya que la batida de ayer fue un mazazo. Unos 30 vecinos y voluntarios de Protección Civil se dieron cita en Boiro para cachear cada palmo de terreno.

Miembros de la agrupación de Protección Civil de Ribeira estuvieron esta semana muy implicados en las tareas de búsqueda. Incluso descendieron, con cuerdas y material de rescate en altura, por el río Pedras.

«Fíxose para acceder a zonas que a pé non se pode chegar, pero non houbo sorte»

, aseguró uno de los responsables del grupo.

Hoy se realizarán trabajos similares, pero en este caso en Boiro, con el objetivo de descartar todas las hipótesis.

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