¿Y si frenamos antes del abismo?


¿Cómo ven el vaso, medio vacío o medio lleno? ¿A quién quieren más, a mamá o a papá? ¿Quién es mejor, Cristiano o Messi? ¿Qué prefieren, una escapada a la playa o una ruta por la montaña? ¿Qué anteponen, unas vacaciones de discoteca y mojitos en Ibiza o una ruta cultural por Petra? ¿Una churrascada con los amigos o una cena para dos en un restaurante con estrella Michelín? ¿Un libro de García Márquez o el que supuestamente escribió Belén Esteban? ¿La última canción de Daddy Yankee o el Black Album de Metallica? ¿Un partido de Liga de Campeones o un Queiruga-Artes? ¿Amor o dinero?

Estas preguntas, como la realidad, no tienen una única respuesta. Cada uno, en función de su paso por este mundo, dará una diferente. Escapen de la gente bicolor, esa que solo logra ver el mundo negro o blanco y que intenta dividirnos entre buenos y malos. Huyan porque, o quieren engañarlos para robarles la cartera, o porque no se han enterado absolutamente de nada. Pensé en ellos el pasado viernes, mientras hablaba en un bar de A Pobra con el biólogo Xurxo Gago.

Charlamos de su paso por la Antártida y el Ártico, del calentamiento global y de como este nos afecta. Le pregunté si había marcha atrás y me explicó que no, que lo único que se podía hacer era ralentizarlo. Le recordé que los liberales está seguros de que será la tecnología la que solucione el problema. Él no lo vio tan claro. Me preguntó si creía que en este mundo alguien invertirá millones para encontrar una posible solución si no ve el beneficio que esto le devolverá. Me preguntó si yo me marcharía a Marte si allí estuviese la respuesta a la crisis de recursos naturales que, tarde o temprano, acabaremos sufriendo. Empecé a verlo con sus ojos.

Me explicó que el camino para preservar este mundo era sencillo, pero que habíamos dejado de respetar la naturaleza. ¿Cuándo? «En canto deixamos de depender directamente dela», me respondió. Me explicó que no somos conscientes de lo que cuesta que, cada día, tengamos agua, luz, calefacción, coches, teléfonos de última generación y comida fresca.

Al contrario de lo que creen aquellos que lo ven todo en blanco y negro, me señaló que no debíamos renunciar a nada, pero que debemos empezar a valorar lo que tenemos. Por varios motivos, porque en otros lugares del mundo sería inimaginable vivir como nosotros y porque, si no lo hacemos, un día todo esto se terminará. Quizás así, imaginándonos que al final de la carretera podemos encontrarnos un precipicio, empecemos a tomar medidas antes de que sea demasiado tarde.

¿Naturaleza o consumo? Quizás no debamos escoger. Basta con frenar antes del abismo.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
4 votos
Comentarios

¿Y si frenamos antes del abismo?