La fe cristiana se impone a la lluvia

La procesión de las carracas tuvo que suspenderse a última hora por culpa del temporal que asoló la villa noiesa


Ribeira / la voz

La fe cristiana volvió a inundar Barbanza en esta Semana Santa. Lo hizo a pesar de todas las trabas que se encontró en el camino. Ni la lluvia, ni el viento fueron rivales para los creyentes de la zona. Fue en Noia donde tomaron una decisión salomónica para imponerse al mal tiempo, ya que, finalmente, la procesión de las carracas no pudo recorrer las calles del pétreo casco histórico de la villa.

Como plan B se improvisó una pequeña escenificación en la iglesia de San Martiño, donde el instrumento que da nombre a la celebración retumbó para gusto de los presentes, aunque solo lo hizo unos instantes. Los devotos que esperaban que sonase durante el tradicional recorrido tuvieron que conformarse con apenas unos segundos. Las tres figuras que iban a salir a la calle realizaron un pequeño desfile por el propio templo, mientras que una imagen de Cristo quedó instalada en el altar hasta que durante la jornada de hoy sea retirada. La Banda de Música Municipal de Noia entonó un par de canciones para darle un mayor empaque a la celebración.

Interesante y realmente multitudinario fue el lavatorio de pies que se realizó en Rianxo. Una docena de hombres, vestidos de apóstoles, vieron como Marcelino Sánchez Somoza les aseaba uno a uno. Los presentes en la iglesia de Santa Columba, en la que no cabía un alfiler, fueron espectadores de la representación del episodio de las sagradas escrituras en el que Jesucristo reconoce que uno de sus discípulos lo iba a entregar a los romanos. La lluvia también impidió, a última hora, que los rianxeiros salieran en procesión. Hubo más suerte el miércoles, cuando sí se pudo completar el Vía Crucis.

El Paso

Aunque se hizo de rogar, ya que hubo que retrasarla hasta en dos ocasiones, la procesión del Paso sí salió a las calles de la capital barbanzana para gusto de los devotos. La comitiva tuvo que hacer frente a la fuerte lluvia que arreció en Santa Uxía.

A pesar de que la mayoría se empaparon, los ribeirenses dieron un paso al frente para que la fe derrotase a un temporal que fue incapaz de rivalizar con la celebración cristiana.

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