Roberto Ronquete: «Iamos con fundas e as carrozas eran catro táboas mal postas, sen rodas»

La cita ganó en vistosidad, pero sus fundadores consideran que perdió la esencia


ribeira / la voz

Un grupo de jóvenes noieses, en torno a una veintena, realizaron hace más de tres décadas una ruta por diversos bares de Noia, arrancando en el París, que aún existe en la actualidad, y concluyendo en el antiguo Dakar. Era carnaval y tenían ganas de disfrutar en pandilla de la fiesta pagana por excelencia. No lo sabían, ni se lo imaginaban, pero estaban poniendo los cimientos de la que hoy es una de las citas estrella del entroido en Galicia, el Rally París-Dakar. Aquel recorrido de unos chavales ataviados con sencillos disfraces reúne hoy a cientos de personas engalanadas con impresionantes atuendos que, en muchos casos, utilizan majestuosas carrozas como complemento.

Roberto Ronquete Cierto era uno de los chicos que aquel carnaval de 1984 participaron en una ruta que acabó haciendo historia: «Éramos un grupo de amigos de toda a vida que nos disfrazábamos. Empezamos a facer unha ruta desde o París ata o Dakar, percorrendo diferente locais coma o Líquido ou o Alborés. Daquela, a Alameda de Noia era coñecida coma o deserto, así que cando chegábamos alí poñiámonos en fila e empezabamos a correr cara o Dakar, coma se nunha competición estiveramos participando».

La máquina barredora

Las carrozas, o más bien carromatos, que se fabricaban en aquella época poco tenían que ver con los que mañana, si el tiempo lo permite, recorrerán las calles de Noia: «Iamos con fundas e as carrozas eran catro táboas mal postas, sen rodas nin nada. Éramos choqueiros», rememora con cierta nostalgia Roberto Ronquete. Hay incluso quien recuerda que, en una de las primeras ediciones de aquella ruta carnavalera, los participantes fabricaron un bólido que despertó sonoras carcajadas. Resulta que el Concello había adquirido hacía poco tiempo una máquina barredora que solo le había durado quince días, tema que dio pie a la pandilla de jóvenes para, en tono burlón, recorrer las calles de la villa con un vehículo similar; eso sí, fabricado con maderas y cartones.

Con el paso de los años, los 20 choqueiros pasaron a ser 40, luego cerca del centenar y así sucesivamente. Ronquete Cierto recuerda que las pandillas contaban con la colaboración de muchos vecinos a la hora de montar sus singulares carrozas que, poco a poco, fueron siendo más y más elaboradas: «Había comerciantes que nos regalaban materiais e iso foi fundamental na evolución da iniciativa».

Pero llegó un momento en que era tanta la gente que se reunía en Noia para cumplir con la tradición de hacer la ruta París-Dakar, que el Concello tuvo que tomar cartas en el asunto. Desde el departamento de Cultura señalaban que actos de vandalismo, consumo de alcohol y utilización de petardos, unidos a algún que otro accidente con heridos de consideración, hicieron imprescindible elaborar y aplicar restrictivas normas.

Evolución con pros y contras

Ni qué decir tiene que con los cambios que se han ido introduciendo a lo largo de los años, el Rally París-Dakar ha ganado en espectacularidad, pero sus fundadores echan algo en falta: «Perdeu aquela esencia de divertimento que ía parella á elaboración das carrozas, á preparación dos disfraces e á entrada de todo o grupo nos diferentes bares», explica Roberto Ronquete, antes de reconocer que la cita es ahora muy vistosa.

Él y su mujer, que también estaba entre aquellos veinte jóvenes que fundaron el rali más divertido, continuaron disfrazándose, aunque se pasaron al concurso infantil, en la categoría de familia, cuando sus circunstancias personales cambiaron. Desde hace un par de años son meros espectadores, pero el carnaval sigue corriendo por sus venas: «A min gañas non me faltan, pois eu disfrazaríame tódolos días».

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