La abundancia de madera de pino tira los precios y satura el mercado

Profesionales de la comarca reconocen tener dificultades para vender la mercancía


ribeira / la voz

El ámbito maderero está lejos de constituir hoy en día uno de los puntales de la economía barbanzana, aunque antaño tuvo mayor peso. El pobrense Juan Boullón, descendiente de una familia tradicionalmente vinculada a esta actividad, recuerda que en 1980 había 35 aserraderos entre Padrón y Ribeira, pero comenta que actualmente solo quedan un par. El minifundismo y la crisis que afectó al sector provocaron, dicen los profesionales, que acabara convertido en un negocio residual en la zona. Pese a ello, hay particulares, comunidades de montes y un reducido número de propietarios con amplias extensiones de monte que se dedican a la venta de madera, pero que en la actualidad ven como la abundancia de pino ha saturado el mercado y provocado un descenso de los precios.

El dueño de una empresa de Porto do Son dedicada a la tala y compra de troncos para su venta a aserraderos y fábricas indica: «Estamos subministrando madeira pola que non sabemos canto nos van dar. Hai que estabilizar o mercado. Agora mesmo non hai onde colocala».

Este profesional recalca que «case che custa tanto sacala como o que che queda de marxe». Los precios difieren según la calidad de la materia prima, ya que eso determina el uso que puede dársele, y del calibre, por lo que no es sencillo establecer un promedio. Sin embargo, algunas fuentes consultadas manifiestan que la tonelada de pino se paga a unos 30 euros, cuando a principios de los 90 llegaba a los 50.

La saturación del mercado es la causa, comenta un empresario barbanzano a modo de ejemplo, de que las cortas que se realizan con motivo de la parcelaria de Cures se estén prolongando más de lo previsto «ampliaron o prazo ata maio porque non se dá saída á madeira».

Incendios y franja de seguridad

Sobre las causas que provocan esta situación, José Luis Souto, gerente de una sociedad coruñesa de explotaciones forestales que opera en la comarca, apunta: «O xiro produciuse tras os últimos incendios, tanto en Portugal como en Galicia, dado que xa viñamos arrastrando unha situación de saturación. Non sabemos canto vai durar isto».

Reconoce que, especialmente en el sur de Galicia, hay una sobreoferta, pero precisa: «No resto da Península falta, e o que importa é vender e facer isto rendible».

Otro factor que está siendo determinante son las talas que se llevan a cabo para cumplir la ley de montes sobre las franjas de seguridad, tanto en carreteras como en áreas con viviendas. La normativa existe desde hace tiempo, pero las inspecciones de la Policía Autonómica y la imposición de multas a los infractores motivan que ahora comience a ejecutarse, lo que deriva en que haya mucha más cantidad de materia prima: «Estase a talar moito na bisbarra».

Por su parte, Juan Busto, propietario de un aserradero en Valga, explica que, bajo su punto de vista, «córtase moito pinar que aínda está a medio producir». Reconoce que el precio actual no es elevado y recalca: «Ten tido máis valor, pero hai tempo».

Los consultados señalaron que esta situación no se registra con el eucalipto, para el que sí existe demanda. También coincidieron en apuntar que, de proseguir este volumen de cortas, será imposible regularizar el mercado. De hecho, algún profesional de la zona reconoció rechazar trabajos porque no tiene a quien vender la mercancía.

«La solución pasa por agruparse para explotar superficies de mayor tamaño»

El pobrense Juan Boullón se dedica a la venta de madera y no duda en calificar de «burla total» lo que está sucediendo con el precio de la tonelada de pino. Señala que «está viniendo madera de Portugal y Francia; si la ofrecen más barata no nos van a pagar más al resto». De hecho, señala que está teniendo un bum en el mercado y hay más producción que consumo: «Están llegando multas por el incumplimiento de la ley de montes y todo el mundo quiere cortar de golpe».

Explica que la situación es distinta con el eucalipto «tiene más salida, un 20 % se usa para tableros y el resto va para pasta de papel». Indica que el mercado de este último tiene muchas oscilaciones, pero que «está mejor pagado». Boullón comenta que uno de los problemas en la comarca es el minifundismo y explica que resulta complicado colocar partidas pequeñas. Dice que la falta de rentabilidad motiva que se abandone el monte y cree que «la solución pasa por agruparse para explotar superficies de mayor tamaño».

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