Peajes e historias para no dormir


Audasa despierta en mí un sentimiento que va más allá de la impotencia. Cada vez que paso por el peaje recuerdo la historia que me contó un hombre que también se ve obligado a cruzar sus barreras a diario y que trata sobre la desidia de los ciudadanos a la hora de protestar por las injusticias. De ese cuento hablaré otro día. Hoy me centraré en un episodio que viví en mis propias carnes y que me ha producido rabia e indignación a partes iguales. El tramo que une Padrón y Santiago es el me cobran a diario y el que realizo para poder sentarme delante del teclado a contar historias que, gracias a Dios, no siempre me crean esta sensación odiosa. Para ahorrarme tiempo y molestias me he instalado el telepeaje, ese aparatito tan práctico con el que parece hasta que no pagas, pero la realidad es que sí. Y vaya si lo haces. En los últimos días, repasando los cargos, me quedé estupefacta al comprobar que me habían cobrado un importe que no correspondía a este trayecto y que, como no, era bastante más elevado.

Ni corta ni perezosa me puse en contacto con ellos con un correo electrónico de esos que parece que echan fuego. Al menos de mis dedos salía humo al pulsar las letras del ordenador. Eso sí, tan duras fueron mis palabras como cuidadas.

Su respuesta no tardó mucho en llegar. Me dieron toda la razón del mundo, faltaría más, y pasaron a abonarme la cantidad cobrada por error y a perdonarme la vida al prometerme que me rebajarían el importe del siguiente viaje. Todo ello con una amabilidad pasmosa. Me pregunto cuantas veces pasarán casos similares, incluso peores, en los que la empresa sale ganando al no fijarse el conductor en los cargos o al no protestar por pereza. También debe haber gente a la que le sobre el dinero, pero aunque fuese mi caso no les daría esa satisfacción. Les recomiendo que si le tienen algo de manía a Audasa hagan lo propio cuando surja la ocasión, aunque solo sea por el placer del desahogo, que quita años de encima.

No piensen que soy de gatillo fácil. Pero es que mi enfado ya venía de atrás. Porque aunque tengo que realizar este trayecto todos los días por motivos laborales y varias veces en una misma jornada no se me aplica ningún descuento. La verdad es que no lo entiendo y quizá debería, ahora que la empresa y yo tenemos una comunicación fluida, preguntarle el motivo.

Comencé estas líneas con la intención de enlazar los cobros abusivos de Audasa con los de Renfe, pero quizá esta se salve por falta de espacio. Podría yo escribir una novela con la experiencia que me une al operador ferroviario. Eso sí, sin ninguno de ellos no sería tan fácil viajar, aunque no es un placer si cuando se hace se siente uno víctima de un robo a mano armada.

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