En un centenar y medio de núcleos de la zona viven menos de diez personas

La cifra de entidades de población en las que no hay ningún vecino ha crecido en la última década hasta rondar la treintena


Mazaricos / La Voz

La Barbanza rural va camino de quedarse desierta. Los datos demográficos de la zona no puede ser más demoledores: de las 90 parroquias en que se divide el territorio, solo ocho han ganado población durante la última década. Son las que cuentan con un núcleo más o menos urbano -Santa Uxía de Ribeira, Santa Baia de Boiro o Santa Columba de Rianxo son los casos más significativos- o bien están en el entorno de alguno, como es el caso de Aguiño, Artes o Castiñeiras. La realidad del resto de la zona es diametralmente opuesta. La inmensa mayoría -8 de cada 10 en términos estadísticos- han perdido población en los últimos años. De hecho, la mitad de las 1.087 entidades de población existentes en la comarca no llegan al medio centenar de habitantes y, de ellas, 148 ni siquiera cuentan con diez vecinos empadronados.

Aunque existen ejemplos repartidos por toda el área de influencia de esta edición, resultan especialmente llamativos casos como el de Mazaricos, que reparte sus 4.000 vecinos -cifra ligeramente inferior a la que se vive en el núcleo de A Pobra- en más de un centenar de aldeas. También Outes, donde hay más de una treintena de lugares que no alcanzan la docena de vecinos, o Lousame, donde sus principales núcleos de población -Cruído y Aldeagrande- apenas sobrepasan los 200 habitantes.

Sin nadie

Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística, en el territorio barbanzano existen un total de 28 entidades singulares que no cuentan con ningún vecino, 11 más que las que se registraban hace una década.

Peor todavía se presenta el futuro de otros muchos núcleos a corto y medio plazo si se mantiene la tendencia poblacional registrada durante el último cuarto de siglo. Tanto es así que una sencilla proyección de la población muestra que un total de 97 aldeas de la comarca carecerán de vecinos en el año 2028.

«A min gústame a aldea, ¿que lle queres? Non creo que chegase a adaptarme á cidade»

A. Parada

Juan Antonio Blanco Martínez (Boiro, 1964) es uno de los seis vecinos que viven en la aldea boirense de Loxo de Abaixo. Cuando era solo un niño, recuerda que este núcleo estaba habitado por unas 30 personas, «pero a maior parte marchou para o centro de Boiro a abrir negocios, incluso unha parella emigrou aos Estados Unidos». No obstante, las relaciones entre los residentes actuales de Loxo de Abaixo no han desaparecido, ya que se ven a diario y se paran a charlar por las tardes.

 

Juan Antonio Blanco es pintor de profesión. Cada día debe desplazarse al casco urbano de Boiro y, dependiendo de la localización de la obra, puede volver a comer a casa o no. Lo explica sin ningún tipo de contrariedad, ya que él se ha criado en esta aldea de Cures y sabe muy bien cómo eran las cosas hace tres décadas. «Hai 30 anos, aquí non chegaba o pan e moito menos o butano, porque non existían os accesos e por iso marchou a xente. Sempre me lembro da miña nai coa cesta, indo a facer a compra a Comoxo», relató Blanco antes de narrar el proceso de evolución de las infraestructuras del lugar, y especialmente «da construción da ponte».

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