ribeira / la voz

A pocos metros de los jardines Valle-Inclán y del restaurado cine Elma se encuentra la plaza Manuel Escurís López, un espacio rodeado de inmuebles que nació como lugar para el encuentro vecinal y la instalación de pequeños negocios, pero que está lejos de ambos propósitos. La mala imagen que ofrece y su aspecto deteriorado hacen de este espacio una de esas zonas a las que solo se acude por obligación.

Un vecino explica que la plaza es pública desde 1976 y que aunque en los últimos años se formularon diversas solicitudes para que se efectuaran arreglos, la degradación continúa avanzando de forma imparable.

No se sabe si el actual ejecutivo se hará eco de las demandas ciudadanas, dado que el Concello no se ha pronunciado al respecto. Sin embargo, al lugar le hace falta una buena reforma, empezando por la accesibilidad.

Su diseño urbanístico es un ejemplo de anteriores épocas constructivas en las que, frente a los actuales espacios abiertos, predominaban los ambientes recargados. La plaza es una sucesión de niveles y pasadizos cubiertos a los que se llega por escaleras, que también hay que subir para acceder a los pisos.

Los peldaños tienen los bordes rotos, lo que favorece que cualquier transeúnte despistado pueda acabar en el suelo. Junto a ellos hay unas rampas, concebidas en su día para facilitar las cosas a quienes fueran con carritos, cuyo recubrimiento apenas es posible intuir.

Malos olores

El pasadizo más oscuro, cuentan los residentes, es desde hace años punto de encuentro de quienes prefieren ocultarse de miradas indiscretas. Las pintadas que llenan las paredes y el fuerte olor a orina lo convierten en una especie de suburbio. No es el único lugar en el que los vándalos se han dedicado a emborronar los muros. En otra parte de la plaza Manuel Escurís sucede lo mismo y cuentan los vecinos que antaño hubo tiendas en ese lugar, pero que acabaron cerrando y que hoy en día nadie quiere alquilar esos bajos.

Las losetas de la parte superior se encuentran en mal estado y evidencian que hace mucho tiempo que nadie se ha molestado en hacer unos mínimos trabajos de mantenimiento, aunque el servicio público de limpieza sí se encarga de vaciar las papeleras y de adecentar el lugar.

Aunque en el sitio abundan las jardineras, no sucede lo mismo con las plantas, por lo que básicamente lo que domina es la tierra. En cuanto a la iluminación, solo unas cuantas farolas conservan las tulipas de cristal con las que fueron colocadas. Por si fuera poco, el recinto está salpicado de desagües sin tapas y explican los vecinos que fueron retiradas para evitar que se anegue la plaza cuando llueve.

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Un espacio público de A Pobra que solo invita a pasar de largo