Estíbaliz Santamaría: Los ecos de Galicia al otro lado del charco

La ribeirense dirigió un concierto homenaje al compositor Chané en el histórico Centro Gallego de La Habana


Ribeira / la voz

Cuando Estíbaliz Santamaría Cadaval (Aguiño, 1987) era solo una niña de 7 años ya tenía muy claro que su mejor juguete era el piano que sus padres habían comprado justo un año antes de que naciese. Aquel regalo anticipado la motivó a iniciarse en el conservatorio ribeirense. Al cumplir los 13 años, se fue un verano a Irlanda a estudiar inglés. Durante una excursión a las islas Aran, mientras subía hacia un castillo, escuchó el sonido de una gaita irlandesa. Rodeada del verde de la vegetación y el azul intenso del mar, aquella llamada la hizo volver a Galicia. Cuando regresó físicamente, supo que tenía que aprender a tocar la gaita.

En la actualidad, Estíbaliz Santamaría se ha convertido en una reputada musicóloga y música que prepara una tesis que supone un rescate de la historia de la canción gallega de los siglos XIX y XX en la emigración cubana, un trabajo que pone el foco en las relaciones musicales entre Galicia e Hispanoamérica. En el marco de este estudio, el pasado 30 de noviembre, la ribeirense organizó un concierto homenaje al desconocido compositor José Castro González, Chané, en el histórico Centro Gallego, hoy Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. Pero antes de haber liderado este proyecto, que dejó boquiabiertas a numerosas autoridades de España y Cuba, Santamaría tuvo que recorrer un camino cuyos pasos fueron el esfuerzo y la disciplina.

De Bach al jazz

La infancia y adolescencia de Estíbaliz Santamaría no fue fácil. Tras entrar a clase a las nueve de la mañana, cuando salía del colegio Bayón a las seis de la tarde comenzaba una nueva jornada de exigencia, a caballo entre lecciones de gimnasia rítmica, atletismo y conservatorio. Nunca desaprovechaba los 40 minutos de la hora de la comida para ensayar. Su ocio se reducía a los domingos y a alguna que otra escapada, un sacrificio que la musicóloga aún agradece sin dudar.

Gracias al apoyo incondicional de sus padres, que le dejaban explorar todas las inquietudes musicales que iba percibiendo, empezó a estudiar gaita con un condicionante: nunca abandonar el piano. Así prendió su interés por la música tradicional y «surgió mi interés por la investigación y la recopilación de canciones antiguas», explicó quien con 14 años, acompañada por su abuela, entrevistó a una de las últimas mujeres en abandonar la isla de Sálvora. Así le cantó, literalmente, los recuerdos de su pasado.

Hubo un profesor de piano, Juan Carlos Ledo, que marcó la diferencia. Frente a los docentes que se limitaban a que reprodujese las partituras, él le descubría la historia detrás de obras de Beethoven, Bach o Albéniz.

Al terminar el conservatorio y el bachiller en el IES Número Un, Estíbaliz Santamaría se sentía encadenada al piano clásico y se marchó a Madrid para aprender del pianista estadounidense Tony Heimer. Ahí llegaron las improvisaciones y el jazz, pero también su integración en la madrileña banda de gaitas Lume de Biqueira y los directos en Dublín, Francia, Italia y España.

La investigación

Mientras estudiaba Magisterio musical en la Universidad Complutense, se fue de Erasmus a París, donde impartió clases en el Lycée International de Saint-Germain-en-Laye. Tras acabar la carrera decidió estudiar Musicología. Así se abrió una nueva etapa, en la que realizó prácticas en las nacionales Radio 3 y Radio Clásica, y que culminó con una nueva estancia internacional, esta vez en Trondheim, Noruega. Allí se familiarizó con la edición y grabación y fue tomando forma su trabajo final de carrera, que luego se transformó en la tesis que prepara actualmente para su doctorado.

Santamaría se marchó a la universidad de Miami para formarse y continuar el proceso de investigación, un trabajo que la ha llevado a bucear en datos de los principales archivos nacionales y gallegos, con la inestimable ayuda de Óscar Ibáñez, o, ya en Cuba, el Museo Nacional de la Música, el Instituto de Literatura y Lingüística o la discográfica Egrem. La ribeirense presentó una propuesta a la Xunta para organizar el tributo a Chané, bajo una premisa: «Que las canciones las interpretasen artistas cubanas».

Este es el primer capítulo de un trabajo que está llamado a rescatar la historia de la canción gallega y salvarla del polvo del olvido.

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