Un hombre imprescindible para Boiro

José María Bouzas Araújo (Boiro, 1928)


Ribeira / La Voz

En la memoria de los pueblos siempre residen personas inolvidables por su compromiso vital con los vecinos, con la sociedad de la que proceden, en la que no dejan de pensar en ninguna etapa de su vida. José María Bouzas Araújo fue una de ellas para Boiro, porque, a pesar de verse obligado a establecer su domicilio habitual en Santiago de Compostela, por motivos profesionales, nunca dejó de acudir a su pueblo natal, con su numerosa familia, ni de hacer todo lo posible para que el buen nombre del municipio y sus gentes estuviesen siempre a buen recaudo.

Todos en Boiro lo conocíamos por su apellido, Bouzas, y es verdad que en los últimos años se dejaba ver poco por el pueblo, pero me consta que estaba siempre al día de todo lo que ocurría y, si algo estaba en su mano, presto y dispuesto para echar un cabo a todo paisano que se lo pidiera.

Bouzas siempre fue una institución para los boirenses que crecimos en el Boiro comprendido entre los años sesenta y noventa, porque era persona implicada en todo movimiento social que tuviese fundamento.

Formó familia con Carmiña, la hija del señor Francisco, aquel buen hombre que regentaba una tienda de ultramarinos situada frente al Ayuntamiento en la que los niños comprábamos enormes galletas napolitanas, pipas La Pilarica y la contada variedad de golosinas que guardaba en cacharros de cristal; y nuestros mayores adquirían el aceite, la harina, el pan y los productos de primera necesidad.

José María, Carmiña y sus siete hijos regresaban cada fin de semana a Boiro, después de que establecieran su domicilio en Compostela, ya que Bouzas fue destinado a la central de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Santiago después de pasar por la oficina de Boiro. En la entidad que dio origen a Caixa Galicia, y en cierto modo a Abanca actual, llegó a ocupar el cargo de director comercial.

Fue maestro de un buen número de operarios de banca que salieron de Boiro, muchos de los cuales desarrollaron su actividad profesional en la caja de ahorros a la que dedicó su vida. Era un embajador en Santiago de los intereses boirenses, y allí estaba para ayudar tanto a quién le necesitaba para una cita médica, como para orientar a los padres que le pedían consejo para los estudios de sus hijos o lo que fuese.

Bouzas nunca dejaba de ejercer de boirense allá donde estuviese, e incluso cuando acudía a la villa se preocupaba por todo lo que ocurría, motivo por el que no dudaba en llamar al informador para sugerir temas y noticias que siempre buscaban el beneficio de la sociedad boirense de la que nunca dejó de formar parte.

De su valía humana no ha quedado duda, y de la profesional tampoco, porque cuando se produjo la primera fusión de las cajas que dio lugar a Caixa Galicia, fue nombrado director territorial de Coruña-Sur. Y, posteriormente, fue designado presidente de la Fundación Caixa Galicia hasta su jubilación. También fue accionista y consejero de Jealsa, acompañando a su buen amigo y fundador de la compañía Jesús Alonso Fernández.

José María Bouzas falleció ayer a los 89 años, y Boiro se queda huérfano de uno de los grandes hombres que contribuyeron a cimentar el municipio pujante del que se sentía orgulloso y del que hacía gala siempre que te encontrabas con él. Sus restos mortales están siendo velados en el tanatorio de Boiro hasta esta tarde, cuando serán conducidos a la iglesia de Santa Eulalia, donde -a las 17.00 horas- será el funeral.

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