Niños que ya nunca nacerán


La natalidad se evapora. Las excusas son muchas: que si la crisis económica, que si la incorporación de la mujer al mundo laboral, que si la falta de ayudas, que si espero a comprarme la casa, el coche y luego es muy tarde, que me hace más compañía y me da menos la lata una mascota, o que prefiero irme de viaje en lugar de cambiar pañales y pasarme días, semanas e incluso meses sin pegar ojo. Pero lo cierto es que, año tras año, cada vez nacen menos niños en la comarca, y la cifra ya alcanza niveles más que preocupantes. Cerca de 150 bebés dejaron de venir al mundo si se comparan las cifras del 2001 con las del 2017 que se acaba de despedir.

Todos esos niños podrían llenar un colegio entero de cualquier municipio barbanzano, lo que permitiría dar trabajo a más de una decena de docentes y a personal de apoyo (desde bedeles a acompañantes para el autobús o el comedor), a los que luego se unirían los monitores de campamentos, talleres, actividades extraescolares, ludotecas, jugueterías... Porque, lo que es cierto, es que, además de ser el futuro, los niños también generan actividad económica, y que la falta de pequeños no solo se nota en las calles y parques, sino que también se deja sentir en muchas profesiones que ven como cada vez es más difícil encontrar un trabajo en el sector.

La solución para atajar este problema no es nada sencilla, porque no solo depende de las decisiones de los que gobiernan, sino de lo que están transmitiendo a la sociedad con sus políticas. El resultado: las actuales generaciones creen que los bebés traen más sacrificios y cargas que alegrías. Porque, de poco vale que las distintas Administraciones aprueben un batallón de medidas encaminadas a favorecer la conciliación, si luego siempre se quedan a medio camino.

Podrían tomar ejemplo de otros países europeos, donde permiten a las madres acompañar a los recién nacidos durante el primer e incluso el segundo año de vida, o en aquellos donde a partir de las seis de la tarde no trabaja nadie; y, es más, se castiga a quien lo haga fuera de ese horario laboral. Por no decir que en estos países ni se les ocurriría despedir a una trabajadora cuando anuncia que está embarazada, casos que desgraciadamente aquí siguen sucediéndose.

Lo que está claro es que, de aquí a poco tiempo, ni el paro, ni la crisis, ni la falta de cura para ciertas enfermedades serán el principal problema de la población. El verdadero atolladero estará en que no habrá niños que luego se conviertan en adolescentes y más tarde en jóvenes que puedan trabajar para sostener una comarca, que estará repleta de personas mayores que no tienen nietos a los que mimar.

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