Que en el 2018 gire la rueda


El año 17 del nuevo milenio a punto está de cerrar persiana. Si tuviese que referirme a él de una forma abreviada me quedaría con la retranca que nos caracteriza: «Déixao ir». Porque, en lo personal, bien podría ponerlo en mi ránking vital como el peor, ya que se ha llevado a mucha gente importante, especialmente a mi madre. Pero por mucho que intento hallar un argumento positivo al que asirme para, siquiera, expresar «en esto, no ha estado mal», no lo encuentro.

En lo que se refiere a la economía general, creo que ya nadie comulga con ruedas de molino y la realidad es la que es: el pequeño comercio malvive; hay más nuevos empleos, pero muy precarios, fruto de repartir los que ya en su día no eran allá mucha cosa.

En lo político, el desencanto es amplio, como lo demuestra esa parte tan extensa de la población que no se ve reflejada en ninguna opción y utiliza su papeleta, si es que la usa, para castigar, aplicando la máxima, cuanto peor, mejor; como método para dinamitar un sistema que hace aguas, pero, eso sí, nadie es capaz de proponer una organización social distinta, porque la nuestra, a pesar de sus defectos, es la menos mala de las que conocemos.

Y ya que el 2017 se va, propongo tener fe en el 2018, yo al menos así lo intentaré, porque a poco que la fortuna sonría, ya será mejor que el ejercicio que cerraremos esta noche con las 12 campanadas de rigor.

Puestos a pedir, para empezar, me decantaría por la madre de todos los deseos: tener salud; para continuar con trabajo digno y bien remunerado que, por si alguien no lo sabe, que lo dudo, es la base para activar la economía, para que la rueda gire: si hay dinero en el bolsillo, el ciudadano compra; si el ciudadano compra, el comercio factura; si el comercio vende, se ve obligado a llenar las estanterías de las manufacturas de las grandes empresas; si las grandes empresas tienen demanda de producto, deben aprovisionarse de más materia prima; si aumenta la adquisición de materia prima, repuntan los puestos de trabajo... y si es tan fácil como parece, ¿qué parte de la rueda tiene un radio roto o el neumático pinchado?.

En fin, solo se trata de reflexiones contando las horas para arrancar la última hoja del calendario con el deseo de poner punto y final a un período que no a todo el mundo le ha ido mal, y la esperanza de mejorar en tiempos difíciles que algunos se empeñan en complicar todavía más, quizás con la intención de desviar las miradas de sus vergüenzas.

Y como uno va entrando en años, ya teme que cuando finalice esta crónica y acuda a arrancar la hoja del calendario se encuentre detrás el 2019. Pero, a pesar de todo, no se permitan ser infelices.

Por Moncho Ares CIUDADANA

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