El asesino de la catana


José Rabadán, el asesino de la catana. ¿Lo recuerdan? Sí, hombre, el joven aquel de pelo tibio y mirada indecible que mató a sus padres y a su hermana con síndrome de Down, el preso que más cartas de amor ha recibido en España hasta que encarcelaron a Miguel Carcaño. Pues resulta que estas semanas han puesto en la tele no uno, sino dos episodios de un documental sobre su vida como persona reinsertada. Es bróker, está casado, tiene hijos y mucha fe en Dios.

Salen imágenes con su nueva familia en un prado, ¡de pícnic, oigan! Habla a la cámara con tono quedo, seductor hasta cierto punto. «Puedo ser un psicópata bueno. Un psicópata que mira por los demás y que intenta ayudar al prójimo», dice cortante el asesino de la catana y tras su afilado comentario no trasluce emoción alguna, como una máscara. Este samuray murciano nos cuenta además en el documental que quiere mostrar al mundo cómo alguien puede rehabilitarse, eso sí, pasando por caja, ya que esto bien podría haberlo dicho por Instagram. Escucha, José, yo creo en la rehabilitación y en segundas oportunidades como el que más, pues las he necesitado, pero establezco un límite lógico: nadie que haya matado a un niño las merece.

También sale una vecina tuya que dice que escuchó a tu hermana gritar «a mí no por favor, José, a mí no» antes de que la mataras, tal vez deberías tener su grito como tono de tu iPhone de bróker para ver si cambia tu pétreo semblante y al menos te ruborizas cada vez que suene, porque eres tú y no tu hermana quien merece una eternidad entre la catana y la pared.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
31 votos
Comentarios

El asesino de la catana