Boiro estrena una vivienda que respira

Profesores de Oporto y A Coruña visitaron en Ferreiros una casa que se rehabilita con técnicas de bioconstrucción

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ribeira / la voz

Al igual que todos los seres vivos, las viviendas también necesitan respirar, y para ello precisan de unos pulmones especiales creados a base de materiales tan comunes como el barro, la paja, el corcho, la cal o la madera. Esta es una de las máximas en las que se basan las modernas técnicas de bioconstrucción, que ya han aterrizado en la comarca de la mano del experto Guido Tomasini, quien desde hace unos meses está rehabilitando una casa en el lugar boirense de Ferreiros.

Hasta allí se trasladaron estos días un grupo de docentes del Centro da Industria da Construçao Civil e Obras Públicas do Norte de Oporto, y del instituto de formación profesional de Someso de A Coruña, que quisieron conocer en vivo y en directo todas las ventajas de este tipo de construcciones.

Según explicó Tomasini, durante décadas los constructores se han preocupado por utilizar productos para aislar el exterior de las viviendas y que la humedad no entrase al interior. Sin embargo, el problema está en que «las casas se han envuelto como dentro de una bolsa de plástico que hace que en el interior de la casa se produzca una gran condensación, porque el aire no puede salir al exterior. Las casas también necesitan respirar», insistió el experto alemán, que lleva varias décadas especializado en la bioconstrucción.

Morteros artesanales

Para rehabilitar el inmueble boirense, el constructor empleó un mortero especial elaborado a base de cal pulida impermeable para revestir las paredes de la cocina y los baños, ya que estas estancias están expuestas a recibir más cantidad de agua por las salpicaduras. Para el resto de la vivienda, se preparó una masa de barro artesanal formada por arcilla, linos, arena fina, y paja, que funciona muy bien como aislante. «El barro es un regulador de temperatura y humedad que permite que la vivienda respire. Además, está exento de energía electrostática, que hace que el polvo no se pegue, con lo cual el barro es más limpio que una pared con pintura plástica», recordó Tomasini.

Él personalmente elaboró el mortero para cubrir las paredes de piedra de esta casa, que pueden tener un espesor de entre cuatro y diez centímetros, y cuyo resultado final es similar al de cualquier pared normal. Para completar el inmueble, se empleó fibra de madera para los techos, así como corcho natural para el suelo, ya que este material impide la acumulación de gas radón.

Además de todas estas ventajas, Guido Tomasini también destacó otra: «Una casa que no contamina no deja un coste a las generaciones que vienen detrás. En su día se utilizaron uralitas en los tejados, y ahora cuesta muchísimo sacarlas, y lo mismo pasará con el poliespán y el poliéster. Sin embargo, los materiales biodegradables vuelven a la naturaleza», reconoció el experto alemán, que espera que este modelo constructivo se extienda por la comarca.

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