Santi Borrell i Giró: «En el 'Prestige' duelen muchas cosas»

Inspirado en la catástrofe ambiental, «Mar da morte» es el tercer poemario del catalán

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carballo/la voz

Al poeta catalán Santi Borrell i Giró (Vilafranca del Penedès, 1972) le remueve sentimientos hablar del Prestige, catástrofe que influyó sobremanera en él. Prueba de ello lo constituye Mar da morte: publicado en septiembre, es su tercer poemario, después de Els dies a les mans y Fragmentos d’una pedra. La tragedia de la que se cumplen 15 años esta semana inspiró la obra, publicada por Edicións de Pedra y traducida al gallego por el poeta Amauta Castro, afincado en Girona, pero natural de Galicia. Una de las próximas paradas de Borrell será Compostela: presentará su libro este viernes, en la librería Couceiro, a las 18.30. Ha querido conservar, también en catalán, el título en gallego: «Le da mucha fuerza. Morte... No en el sentido negativo. La vida, en muchas cosas, también es sinónimo de muerte».

-De Mar da morte aseguran que es un collage de géneros.

-Sí, es un collage poético. Cuando vi aquellas imágenes y seguí por los medios la catástrofe, así como por las redes sociales, me dio la sensación de algo muy poco esquemático. Había una lucha por la realidad: que si había chapapote, que si no... Viendo todo aquello, de forma inconsciente, hice esta especie de collage, muy visual, con diferentes registros: poesía, escenas de teatro, aforismos, periodismo... Me ha costado.

-¿La creación del poemario arrancó ya entonces, en el 2002?

-Efectivamente. Aquello me impactó mucho: costaba entender cómo, ante un petrolero que pedía ayuda, las autoridades no respondían de manera humana. Había también, precisamente, ese tema de solidaridad humana, de ahí el caos emocional. Por eso duele tanto, en el Prestige duelen muchas cosas. No solo la muerte de peces o aves, de la costa o el mar, sino también la actitud humana. Lo digo en concreto, con este tema, pero yendo más al fondo hay un debate sobre qué responsabilidad tenemos nosotros delante de la realidad de la ecología. Todos somos un poco responsables: esta noticia abre la caja, pero ese respeto del que hablo no lo tenemos muy trabajado.

-¿Estuvo en Galicia cuando pasó?

-Fui al cabo de un año. El cuerpo no me lo pedía antes, por más que sí fueron amigos. El coordinador de los voluntarios, Josep Figueras, es de mi ciudad, Vilafranca: habló con el rey y le pidió la ayuda del Ejército. Igualmente, era amigo otro de los primeros voluntarios, que llegó a ser amenazado. Todo eso también me llevó a escribir este collage.

¿Qué halló aquí cuando vino?

-Más motivos para escribir. Visité la costa: Muxía, Camelle, la ría de Arousa... Era invierno, y todo ambientado a la luz de lo que pasó, pero pese a ello me llevé la sensación de una belleza impresionante. Pasé tardes caminando por los bosques atlánticos y de ahí también salieron parte de los poemas. En la poesía, una parte importante es la belleza: la de los hombres y mujeres depende también de la los árboles o los ríos... Si esa parte está muerta, o puede morir, tú puedes hacerlo. De ahí ese debate, es algo trágico para mí.

-Iniciado en el 2002, Mar da morte acaba de publicarse, coincidiendo con los 15 años.

-Fue algo espontáneo, para nada estaba pactado. Tenía el libro trabajado y resuelto desde hacía tiempo, pero fue ahora cuando encontré al traductor, Amauta Castro. Le envié el collage y le impresionó su forma de estar escrito. Yo no le veía sentido poético a publicarlo solo en catalán, porque el origen de esta historia está en Galicia. Él me dijo que lo traducía al gallego, apostó, y a partir de ahí, sí, el libro ya tenía un sentido. Hemos estado hablando durante todo este año, porque hay diferentes tipos de letra, tipografías... Es complicado de traducir, y ha sido lento, pero estoy encantando, es como un milagro. Además va bien, aunque cuesta encontrar lectores para la poesía [ríe]. Sería una idea para una novela.

-Un buen año, teniendo en cuenta que su Història del cava se llevó en el 2016 el premio al mejor libro de historia de vinos.

-De vez en cuando las cosas van bien, y es cuestión de suerte. El domingo por la tarde me llamó un reconocido poeta catalán para felicitarme por el libro y esa misma tarde recibí otra llamada del periodista que me hará la presentación en Santiago [Xusto López]. Casualidades, pero animan, porque la poesía cuesta: de Mar da morte se han hecho 500 ejemplares en Cataluña, más los que hay ahí en Galicia. Hay prejuicios con este género y quizás la educación que se ha hecho para fomentar la poesía ha logrado el efecto contrario... Hay una especie de rechazo, porque cuando los adolescentes se hacen adultos les vienen a la mente horas infernales... de comentarios de textos, estilos, géneros, metáforas... Incluso a mí mismo me ocurre. Hay poesía muy diversa: a mí me gusta la directa. Creo que las instituciones deben dar esa imagen de que la poesía puede leerse.

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