El ribeirense que trabaja para cambiar el mundo

Además de explicar a la ONU el trabajo de su organización, realiza encuentros entre países en conflicto


ribeira / la voz

Da igual en que parte del mundo esté. Cuando Rainer Gude cierra los ojos y piensa en el mar, «siempre me acuerdo de Aguiño, con el océano detrás de la casa, caminar por la playa de O Vilar, y que el agua siempre está muy fría». Por sus venas corre sangre ribeirense, por parte de su padre, y alemana, heredada de su madre. La emigración los unió en Estados Unidos, que fue donde nacieron Rainer y sus hermanos, pero él siempre que ha podido ha regresado a Ribeira, «porque ahí me siento como en casa, porque todos los veranos volvíamos a visitar a mi tía y al resto de la familia».

Quizás fue esta mezcla de culturas, idiomas -habla cinco- y tradiciones lo que le hizo especializarse en las relaciones internacionales. «Al principio trabajé unos años con mi padre, que tenía una empresa de importación de vino español en Nueva York», pero luego se cruzó en su camino la oenegé Iniciatives of Change, a la que se unió en el año 2012, fijando su residencia en Ginebra.

Gude no tiene un día a día nada monótono, ya que él se encarga de conocer la actividad que realizan los 40 grupos de trabajo que su oenegé tiene repartidos por todo el mundo, y luego se la explica a la ONU, una tarea bastante complicada porque en Ginebra tienen representación otras 360 organizaciones no gubernamentales. Además, cinco o seis veces al año viaja a los campos de trabajo de sus equipos y también organiza conferencias entre representantes de distintos países, «donde explicamos nuestra metodología, cómo intentamos cambiar el mundo, luchar por la paz, o la ética en los negocios. Nuestro objetivo es mostrar que el ser humano es el único que puede cambiar el mundo».

En estos encuentros buscan el diálogo y la cercanía entre los representantes de países que están en conflicto, «trabajamos con cada persona, yo lavé los platos con el ministro de finanzas de El Chad», ejemplifica para mostrar lo que se busca con estas iniciativas. Para Gude, esto es lo más bonito de su empleo, «el encuentro con el otro, conocer su diversidad, pero saber que juntos podemos hacer un cambio. Yo puedo viajar a un país como Camerún y ver que mi trabajo es recíproco con el otro», afirma, al mismo tiempo que considera que con el contacto personal se puede hacer mucho más «que todo el día intercambiando correos electrónicos». Critica que muchas veces se pasa demasiado tiempo delante del ordenador, y que estos encuentros le permiten recordar «por qué me dedico a esto, para ayudar a las personas».

Aunque siempre ha sido una familia muy unida, cada uno de los hermanos de Rainer Gude se ha ido a trabajar a un punto del mundo distinto. «Uno está en Noruega, otro está en Ecuador intentando reducir la violencia entre las pandillas de jóvenes. Tengo otro que hace películas en Colombia y hace poco le dieron un premio en el festival de Ourense, y el último está haciendo música en Los Ángeles. El pobre papá tuvo que vender la empresa porque nadie quería seguir con el negocio», bromea Gude.

Reconoce que fue precisamente él quien le enseñó a apreciar la buena comida y el buen vino, y aunque en Estados Unidos no existe mucha tradición de que las familias coman juntas, su padre siempre organizaba grandes celebraciones culinarias para tenerlos a todos reunidos. «Comer bien está en nuestro ADN, y siempre me acuerdo de esos almuerzos y del mismo chiste que le escuché a mi padre mil veces», confiesa, al mismo tiempo que admite que «a veces tengo morriña de un buen bacalao o me hago un buen pulpo a la gallega con la receta de mi tía, aunque ella hace mucho mejor la mezcla de aceite y pimentón».

Regreso a sus raíces

Gude intenta venir todos los años a la localidad de Aguiño para reencontrarse con parte de sus raíces. «Estoy haciendo el Camino de Santiago desde Ginebra. Cada año lo realizo durante un par de semanas, y luego me voy a Aguiño a comer marisco y a estar con mi tía y con mis primos. Estando en Europa es más fácil visitar la familia gallega, y también a la alemana».

Aunque no se fija un objetivo a largo plazo, cree que no estará toda la vida en Ginebra. «Tengo que decir que siempre que viajo a África o a América Latina me gusta mucho, y veo posible cambiar en unos años y trabajar desde allí».

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