El musculado de la selva de Tanzania


En los albores de Internet, antes de que Facebook hiciese multimillonario a Mark Zuckerberg y esclavos de la egolatría digital a países enteros, lo normal era chatear con desconocidos. Hoy puede sonar absurdo, pero gracias a esta moda los cíberes se convirtieron en el primer éxito del huracán 2.0. La coña del momento era hacerse pasar por otra persona escondiéndose detrás de algún mote absurdo. Acabábamos de cambiar de milenio y todo lo que salía de un ordenador parecía simpático. Alguno intentaba ligar a través de la Red. Para lograrlo se vendía a través de su fisionomía. El playboy predominante era alto, tenía ojos azules, melena lacia y estaba musculado. Además acababa de terminar medicina y había dedicado el verano a colaborar con Médicos sin Fronteras para erradicar el hambre en África. Para reforzar su historia buscaba en Yahoo -Google todavía era un proyecto- fotos de un joven atractivo en la selva de Tanzania, que enviaba al instante a su pretendida digital.

Pero la mentira siempre ha tenido las piernas cortas. La mística terminaba con la primera cita. ¿Qué podía hacer nuestro amigo Kafkiano666 para mantener la farsa? Hasta el más insolente se rendiría y confesaría la verdad. Pero nuestro colega se presentó en el lugar pactado buscando a una rubia de ojos azules y licenciada en Farmacia. Diablilla23 quedó petrificada en cuanto lo vio y huyó. La comedia terminó aquella misma tarde en Santiago.

Volví a pensar en Kafkiano666 cuando empezó el éxodo de empresas catalanas. De haberlo escuchado tantas veces, había terminado por creerme el cuento de que la independencia era el camino que Cataluña tenía que recorrer para contar con más servicios públicos, mayor calidad de vida, más riqueza y menos desigualdad social. El independentismo era el proceso fundamental para salir reforzados de la crisis.

Algunos, después de años de creerse una mentira, en cuanto vieron el desfile de bancos y multinacionales comenzaron a replantearse cuánta mentira escondían aquellas promesas que llevaban escuchando desde el inicio de la recesión económica. Al igual que le pasó a Diablilla23 con Kafkiano666, Artur Mas, Carles Puigdemont y Oriol Junqueras no se parecían en nada a aquel joven musculado que había dedicado el verano a salvar niños en la selva de Tanzania.

Por Álvaro Sevilla CIUDADANA

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El musculado de la selva de Tanzania