Los montes vivieron el verano con menos incendios del último lustro

Las llamas calcinaron unas 130 hectáreas, frente a las dos mil del pasado año

j. m. Sande
Ribeira / la voz

Un cúmulo de circunstancias positivas ha permitido que Barbanza registrase el verano con menor terreno quemado del último lustro. Los más de veinte incendios que se cifraron durante la temporada estival devoraron una superficie que ronda las 130 hectáreas. El dato, que puede parecer suficientemente elevado si no se tienen otras referencias, es mejor valorarlo con perspectiva. En 2016 acabaron calcinadas dos mil hectáreas, mientras que en 2013, solo en monte Pindo, el fuego arrasó más de tres mil. En 2015, 2014 y 2012 se superaron las 250.

Las tareas de prevención que pusieron en marcha concellos y Consellería de Medio Rural, sumadas a la celeridad en las actuaciones de las brigadas encargadas de los montes, son algunos de los motivos que permiten comprender la buena noticia. La suerte, afirman fuentes del distrito forestal quinto, ha sido otra de las grandes protagonistas.

Lo que todos los implicados en la lucha contra el fuego tienen claro es que gran parte de los incendios han sido intencionados. Fue así desde un primer momento, cuando el 12 de junio se calcinaron 13,5 hectáreas en Araño, cuyas llamas se originaron en dos focos. El 6 de julio, en Tállara, una de las parroquias más castigadas de la zona, se registró otro que contó con cinco.

Durante el mes de julio, Boiro fue el municipio más castigado. En el lugar de Escobias acabaron carbonizadas nueve hectáreas, mientras que en Mosquete fueron otras cinco. En ambos casos, la rapidez y el gran números de medios de extinción permitieron atajar el problema antes de que fuese inabarcable.

Pirómanos

Uno de los que apuntaba a tragedia y se redujo a tiempo fue el que se originó en Artes, en el entorno del parque natural. La fortuna en aquel momento quiso que el viento no soplase con fuerza, ya que los brigadistas vieron como tres focos se activaron de forma consecutiva. Medio Rural movilizó helicópteros y aviones, además de personal terrestre para conservar un terreno clave por su flora y fauna.

Pocos días después del de Artes, el 24 de agosto se registró el incendio más dañino del verano. Fue en la aldea de Calo, en Porto do Son, que obligó incluso a desalojar las viviendas. Según apuntaron en aquel momento, las llamas partieron de una chispa de una desbrozadora, que incendió maleza muy seca. Finalmente, y gracias a que se movilizó una importante cantidad de profesionales, se pudo atajar el fuego cuando había devorado 50 hectáreas.

Otro de los que más atemorizaron a la población local fue el del 27 de agosto, en Corrubedo. El humo, que se veía desde el puerto de la parroquia, fue fotografiado por vecinos y turistas, que difundieron sus imágenes a través de las redes sociales. A pesar de que la humareda era densa, las llamas solo afectaron a siete hectáreas de rastrojos.

El último y más destacable fuego se produjo en Lampón, que calcinó veinte mil metros cuadrados. Un total de 30 brigadas, nueve helicópteros y tres aviones participaron en las tareas de extinción. En Muros, la fortuna quiso que solo el lugar de Monte Baño contabilizase un par de conatos, que se apagaron antes de que las llamas se expandiesen.

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