¿Un chivato o un buen ciudadano?


La teoría de los seis grados de separación, que supone que podríamos conectar con cualquier otra persona del planeta a través de alguno de nuestros conocidos y la cadena de amistades que estos tienen sin emplear más de cinco intermediarios, se podría reducir a la mínima expresión en un concello como Rianxo, de poco más de 11.000 habitantes, en el que si no tienes trato con un vecino seguro que en el teléfono alguno de tus contactos tiene su número o sabe cómo llegar a él. Esto tiene sus ventajas y desventajas. Pongamos que, si ocurre un accidente (y toquemos madera), no tardaría en llegar a oídos de los allegados, como tampoco es tarea fácil mantener un secreto de puertas para afuera.

Aprovechándose de esta circunstancia, la Policía Local de Rianxo hace un llamamiento a través de uno de los mayores megáfonos que existen hoy en día, las redes sociales, pidiendo la colaboración ciudadana en la lucha contra las drogas. Porque sucede que es un secreto a voces que fulanito cultiva marihuana a su casa y lo que al principio era para consumo propio se ha convertido en un pequeño negocio en el que no hay reparos a la hora de vendérsela a menores de edad que empiezan sus coqueteos con el cannabis cada vez más temprano, incluso antes de haber acabado la primaria. Sucede que todos saben que es menganito el que coloca la mercancía en el colegio e instituto y se ha creado su propio clan de pequeños camellos que venden a sus compañeros.

Se sabe todo, hasta adonde suelen ir los chavales para fumar la hierba, pero nadie habla. Nadie quiere meterse en líos o que lo acusen de chivato y cargar con el sambenito de por vida porque, estamos en Rianxo, recuerden. Sin embargo, existe un espacio en el que uno puede decir sin ser visto y, aunque hay quien prefiere emplear su perfil de Facebook para vomitar necedades a diestro y siniestro -que, curiosamente, vienen siempre en efecto cascada y una anima a la siguiente-, otros lo han sabido emplear en beneficio de todos, porque también es un canal directo para llegar a la gente, especialmente a los más jóvenes, y ofrecer más facilidades y una mayor confidencialidad para los que dudaron en dar el paso y no lo hicieron.

El planteamiento es tan simple como eficaz, aunque no se salva tampoco del escarnio público y de la maricomidilla de los grandes opinadores de las redes. Aunque no se haya legalizado, como ha hecho en Uruguay, la marihuana es una droga socialmente aceptada. Y un simple llamamiento a la colaboración ciudadana contra una acción que sigue siendo ilegal se ha encontrado con un sector crítico y comentarios para todos los gustos (incluido el mal gusto). ¿Chivato o buen ciudadano? Júzguenlo ustedes, pueden seguir consintiéndolo con su silencio o ponerlo en manos de un juez.

Por Patricia Calveiro CIUDADANA

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