Los furtivos se camuflan entre los bañistas para evitar a los vigilantes

Cofradías y guardapescas se ven incapaces de controlar la sangría en los arenales


Ribeira / la voz

Es su última treta, su postrero engaño. Son camaleones que, ataviados con bañador, gafas de buceo y toalla, han conseguido traer de cabeza a los guardapescas. Aprovechando la llegada masiva de turistas, los furtivos se han mimetizado como si fuesen un veraneante más, escapando de las garras de los mariscadores que cada mes intentan faenar de manera legal.

Normalmente trabajan en grupos, con funciones y cargos diferenciados, aprovechando los días calurosos y con mayor número de bañistas. Para esquilmar el marisco suelen hacer turnos, por lo que, mientras uno trabaja en el agua, otro controla que no aparezca ningún vigilante que pueda dar la voz de alarma a los guardapesca. Mientras, un tercero guarda el género debajo de alguna toalla, o incluso en una nevera portátil, que lejos de llevar cuatro refrescos, sirve para acumular kilos y kilos de marisco. Por último, un cuarto se encarga de visitar a sus compañeros y llevarse el producto en coche.

«Van a cualquier hora. Aprovechan que no podemos bajar con los vehículos a la playa para ir sacando sin parar», apunta la vicepatrona de la cofradía de Cabo, Susana Silva, cuya entidad es la más perjudicada por una práctica que mina económicamente a sus profesionales: «Controlarlos es muy complicado. En estas fechas las playas están repletas de gente y ¿cómo puedes hacer para distinguirlos?».

Para intentar frenar la sangría, las mariscadoras del pósito han empezado a bajar a la playa para vigilar entre los bañistas: «Las broncas con los furtivos son continuas y hemos cogido a varios pero, al haber otros controlando, suelen quedarse en el agua con todo lo esquilmado».

Más escondites

Esa es otra de las estrategias que utilizan. Al saber que hay vigilantes cerca, los furtivos se quedan directamente en la orilla, ocultando las bolsas repletas de marisco en el agua: «Las dejan allí y es imposible encontrar al propietario». Las playas más afectadas del municipio boirense son las de Barraña, Mañóns y A Retorta, aunque Silva reconoce que, no son los únicas.

En A Pobra, el patrón mayor de la cofradía, Miguel Iglesias, reconoce que este problema también les afecta, aunque no en el mismo grado que a los crucenses, ya que el número de arenales a controlar es mucho más reducido. En Rianxo, sin embargo, los mariscadores se han librado, por el momento. «Se non están nas nosas praias é porque están en Boiro. Saben que alí hai cría e aos furtivos xa lles vale. Para eles é moito fácil para sacar de vinte en vinte quilos», apuntó el patrón mayor rianxeiro, Miguel Iglesias. El mismo reconoce que, a pesar de esto, sigue preocupado: «Sabemos que cando rematen en Cabo virán para as nosas. A boa noticia de verdade sería que os collesen alí».

Más problemas

Susana Silva y Miguel Iglesias reconocen que los furtivos no son su único problema, sino que lo extienden a algunos bañistas: «Hay muchos que lo ven tan fácil que también se apuntan a llevarse algo de marisco». Pese a que reconoce que en la gran parte de los casos hurtan unos dos o tres kilos, apunta que «no son cuatro o cinco solos, son muchas personas a lo largo de la semana».

Al igual que los furtivos profesionales, los turistas también tienen su propio mecanismo. Sin necesidad de bolsas, o redes, para almacenar el bivalvo toman el camino más sencillo, que no es otro que llevarlo en los bolsillo de los bañadores. En la arena, las toallas y las mochilas son el escondite perfecto para salir del arenal sin levantar sospechas.

«Creo que tienen que empezar a pensar que están jugando con el trabajo de mucha gente», reconoció la propia Silva, que apunta que no solo turistas de fuera de la comarca se llevan la almeja: «También hay gente de aquí. Es un escándalo lo que está pasando, porque le están robando a sus propios vecinos y parece que no tiene solución».

«Conseguen pasar máis desapercibidos entre os usuarios habituais das praias»

Las playas de Coroso y O Touro tampoco se libran de los furtivos veraniegos. En estos arenales, el objetivo no es otro que la navaja, marisco por el que los turistas, y los propios locales, se relamen los dedos. «Xa temos collido a varios nas últimas semanas», apunta el patrón mayor de la capital barbanzana, José Pérez, quien confirma las palabras de sus homólogos de A Pobra y Cabo de Cruz: los turistas propician el escondite perfecto para el marisqueo ilegal.

«Conseguen pasar máis desapercibidos entre os usuarios habituais das praias», reconoce, aunque apunta que «se fas un seguimento consegues dar con eles». La pasada semana, uno de los vigilantes de su cofradía cazó a dos personas con sendos sacos de cinco kilos de navaja. A pesar de esto, es consciente que los propios furtivos también saben por dónde se mueven vigilantes y guardapesca: «Eles tamén nos teñen controlados e cando estás nunha praia non podes vixiar a outra».

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