¡Viva Cartagena!


Podemos presentó una moción de censura en el Congreso de los Diputados. Durante dos días escuchamos las razones de los unos y los otros. Como ciudadano, presté atención al discurso castrista, por las cuatro horas y media de duración de la dupla Montero-Iglesias, a la astuta intervención de Rajoy, al lamentable conjunto de insultos tabernarios del portavoz del PP, al emotivo discurso de Esquerra, al oficio del portavoz del PNV y al PSOE: De perfil por supuesto.

Desde el mirador de Arousa me asaltan muchas dudas en el tema territorial.

La mayoría de la oposición «nasía p’a la revolución» coincide en la necesidad de apoyar el referendo de independencia en los territorios que lo deseen: Galicia, Cataluña, País Vasco o Extremadura . Todos tienen derecho a decidir sobre la oportunidad de divorciarse, cuando lo consideren oportuno. Bufé libre las 24 horas.

Las propuestas territoriales de la izquierda ocultan una causa general a España y la Constitución con la justificación basada en la dictadura franquista que contaminó todo el país. Proponen una voladura descontrolada empleando dinamita como sustento de la convivencia, sin explicar siquiera los daños medioambientales. ¿Quién será el dueño del río Ebro? Tras desaparecer España y las fases lunares, ¿qué se propone?

Esta etapa del pensamiento nihilista recuerda la Primera República. Elaboraron una Constitución asentada en el principio de autodeterminación y la libre asociación de territorios y ciudades. Antes de ser aprobada, cada cantón se declaró independiente. Los propios republicanos pusieron fin a la fiesta a cañonazos y fusilamientos sumarísimos. ¿Volvemos al viejo ¡Viva Cartagena!, y su petición al presidente de EE. UU. para formar parte de aquel país?

La experiencia de un año de la Primera República se resume en cuatro presidentes, cuatro gobiernos, dos procesos electorales, los anarquistas predicando contra los republicanos, los federalistas enfrentados a los demócratas y, finalmente, el golpe de estado del general Pavía que expulsó a porrazos a los diputados del Parlamento ante la general indiferencia de los ciudadanos

El riesgo actual no es la crisis económica o la corrupción, sino el infantilismo político y la inmadurez democrática. Según los partidarios del plurinacionalismo, su implantación traerá el AVE, mejores pensiones, la desaparición del desempleo, mares libres para los barcos gallegos y el aumento del precio de la leche. Suponen, es un suponer, que la Unión Europea de 27 países acogerá con indisimulado entusiasmo la entrada de 17 miniyós, amén de Ceuta y Melilla para acompañar a Gibraltar.

Las propuestas de la nueva izquierda, «nacida p’a olvidar al vendido Felipe y al bendito Zapatero», me recuerda un viejo dicho del acervo popular: «Dio seis vueltas al redil y no pudo sacar nada. A la séptima vuelta que dio sacó la borrega parda».

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