Interrelación por tierra, mar y aire


Cada poco salta la noticia de la puesta en marcha de nuevas líneas aéreas directas desde Lavacolla hasta destinos nacionales e internacionales que, no hace mucho tiempo, eran impensables, porque llegar a ellos te obligaba a una serie de escalas que cuando arribabas, era casi mejor no deshacer la maleta, porque ya tenías que ir pensando en la tortura del regreso. Conste que esta profusión de destinos tiene truco: las compañías aéreas acceden a establecer rutas firmando convenios con Administraciones que subvencionan buena parte de los gastos, de forma que a la empresa le resulte rentable y, con el peculio garantizado, poco le importa aterrizar en un aeropuerto alternativo al habitual.

Como usuario, reconozco que está muy bien tener al alcance y a buen precio ciudades a las que antes te costaba un ojo de la cara viajar en avión, lo que te obligaba a desplazarte por carretera cuando ibas en familia o en pandilla, ya que era más barato; e incluso me parece bien que para poner a tu alcance ciudades y ciudadanos de otras latitudes, los organismos faciliten el desembarco de las empresas aéreas aportando fondos públicos.

Lo que no acierto a comprender es que, de la misma forma que se hace con los viajes en avión, no se extiendan los convenios a las líneas por carretera, concretamente a aquellas que van a desaparecer por no ser rentables, entre las cuales se encuentra la histórica que comunica el sur con el norte de este extremo de la provincia de A Coruña, es decir, la comarca de Noia con la de Barbanza.

Realmente, la prestación ya se había reducido drásticamente a solo tres servicios de lunes a viernes. Los sábados y domingos ya no había línea. Antiguamente, el famoso Ideal enlazaba A Pobra con la villa noiesa, pasando por Boiro. Esta línea incluso permitía hacer enlaces para, desde Ribeira, llegar a la cuna de Avilés de Taramancos, o echar mano de ella para, subiendo a un Sarasquete y a un Ideal, llegar a poblaciones intermedias si habías perdido el Celta.

Pero claro, hoy en día, ¿quién no tiene coche?. Esa es la socorrida pregunta que se suele plantear para justificar el recorte de este servicio interior de transporte de viajeros por carretera. Estamos, sin duda, ante otra paradoja de la globalización, que facilita viajar por el mundo adelante y a buen precio más que hacerlo entre pueblos vecinos.

Si las comunicaciones entre el norte y el sur de la zona barbanzana son malas por esa carretera que nadie acierta a mejorar conforme a los tiempos que corren, la desaparición de la línea de autobús contribuirá a empeorarlas. Fomentar la interrelación está muy bien, pero por tierra, mar y aire.

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