Franco Nicolás Pérez Lissi: El hombre que dibuja guardianes en el cielo

Este ribeirense integra un equipo que desarrolla una pionera tecnología para detectar y controlar incendios


ribeira / la voz

La historia de Franco Nicolás Pérez Lissi (Buenos Aires, 1989) se corresponde con una de esas vidas escritas con la tinta de un esfuerzo y superación capaces de desdibujar las márgenes de esa máxima que dice que no hay más límite que el cielo. Hijo de un palmeirense que emigró a Argentina y triunfó en el sector de las telecomunicaciones, este joven de 27 años creció rodeado de dispositivos y pantallas. Primero en Argentina y, a partir de los 9 años, en Palmeira, donde se afincó durante su adolescencia.

En la actualidad, Franco Nicolás Pérez trabaja como investigador en el Centro de Innovación Aeroespacial de Galicia (Cinae) y la Universidad de Vigo (UdV), desde un equipo que capitanea un proyecto europeo -en colaboración con la Universidad de Oporto y un centro de investigación en Toulouse- destinado a desarrollar un novedoso sistema compuesto por: un satélite, drones, sensores y un simulador; capaces de detectar el inicio de un incendio forestal y analizar cómo se extenderá en tiempo real.

Despegue profesional

Mucho antes de convertirse en el prometedor experto en telecomunicaciones que es hoy, el palmeirense fue un aplicado estudiante en el instituto de Coroso, previo a que pasase a ser un centro de formación profesional. Cuando finalizó la ESO y el bachillerato se matriculó en la ingeniería técnica de Telecomunicaciones por la UdV.

No conforme, al terminar la primera titulación pasó a la modalidad superior, unos estudios que siempre compaginó con estancias europeas en países como Malta y República Checa, con la vista puesta en lograr el máximo nivel de inglés posible (todos los días trabaja en este idioma), algo que ya había experimentado antes de la carrera con un viaje a Australia, armado solamente con una mochila y su tabla de surf, y que completó al obtener una de las dos únicas becas para estudiar el máster en la Virginia Tech, entre las 13 mejores universidades tecnológicas de Estados Unidos. Allí fue donde se especializó en el ámbito de los satélites, radares y antenas.

De vuelta en la UdV, no resultó extraño que su proyecto de fin de carrera fuese participar en el lanzamiento del primer satélite gallego, el Xacobeo. A partir de ahí e integrado en ese mismo equipo, se lanzarían tres más. Uno orientado al área educacional, en colaboración con la Agencia Espacial Europea (AEE). Otro, también con la AEE y la ONU, dirigido a detectar catástrofes humanitarias y, finalmente, el tercero con la agencia espacial brasileña, con el que lograron transmitir información desde la Antártida. Este tipo de satélites son de tamaño y peso reducido, algo que responde a que «la tendencia actual tiende a la minituarización», en palabras del ribeirense.

Toda esa experiencia y prestigio para la universidad, se acabaron traduciendo en un proyecto conjunto entre la AEE y la NASA, el Asteroid Impact Mission, que buscaba situar un satélite que orbitase a un asteroide, cuyo paso cercano a la Tierra está fijado para 2020, para que los americanos lo desviasen con el impacto de una sonda. Desafortunadamente, el recorte de gastos europeos y el ascenso de Donald Trump a la presidencia de EE.UU. enterró la misión que podría haber dotado al mundo de un método para prevenir su fin, y de la que la UdV había finalizado la primera fase.

Los ojos del bosque

El grupo de investigadores vigueses y Franco Nicolás Pérez acaban de terminar la fase de diseño del satélite correspondiente al proyecto Fire R-S, para control de incendios forestales. El objetivo es instalar una serie de sensores infrarrojos que mapeen el terreno para detectar cambios bruscos de temperatura, para activar una alarma en el satélite y que este remita la información a una base de drones (desarrollados por los lusos) que analizarían el incendio de forma autónoma.

Los drones recogerían datos como las condiciones meteorológicas, extensión, focos principales, mapa de vegetación o viviendas cercanas para que el simulador (a cargo de los franceses) reproduzca una evolución de las llamas y así los bomberos sepan dónde y cuándo actuar. Fijado para el 2019, ya están buscando lanzadores con candidatos de la talla de la firma de Elon Musk, Space X. Además, Pérez ha propuesto su querida Barbanza como espacio de pruebas piloto.

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