Enmarquemos las palabras enjauladas


Un servidor se siente particularmente cómodo en esta sección. En realidad creo que cualquier periodista se sentiría así en un espacio que te brinda la posibilidad de opinar. Pero a veces se nos olvida lo distinto que es el ejercicio de ese verbo en otras partes del mundo. A veces se nos olvida lo fácil que es escribir desde el paraguas de Occidente. Mas la meteorología -entendida como una metáfora de la libertad de expresión- no es la misma para todos los profesionales de la información. Por ejemplo, si en España solo nos enfrentamos a la niebla de las críticas, en México, un artículo comprometido puede costarle una lluvia de balas a una comunicadora.

Para que se hagan una idea, en el transcurso de este 2017 han sido asesinados siete periodistas, un internauta y un colaborador. Si la pregunta es cuántos están entre rejas, los datos suben a 190, 160 y diez, respectivamente. Se trata de las estadísticas que recopila periódicamente la organización internacional Reporteros sin Fronteras. Entre esas cifras se ocultan nombres como el de la reportera kurda Shifa Gardi, a la que recientemente una bomba, con firma del Estado Islámico, le arrebató la vida en el norte de Irak.

Con el tiempo estoy convirtiéndome en un especialista de la retractación, para la cual suelo tirar de este atril. Si en pasadas crónicas reconocí mi ignorancia sobre los maravillosos y valiosos contenidos del ribeirense Museo do Gravado de Artes, hoy tendré que tragarme mis palabras sobre el Centro Cultural Lustres Rivas. No es que no haya disfrutado de las anteriores exposiciones artísticas que ha venido acogiendo la sala de este local de Santa Uxía, el motivo recae en una muestra que particularmente considero merecedora de homenaje en estas líneas.

Les hablo de Libertas, la denuncia artística contra cada uno de los más de mil casos de atentados a la libertad de expresión, a través del acoso y derribo a escritores, identificados por el Centro PEN Internacional. Un trabajo coordinado por el pedagogo y presidente del IMER, Olegario Sampedro. Quizás las paredes del local ribeirense se hubieran quedado pequeñas para tantos crímenes, donde el arma es el silencio. Sin embargo, su inteligente elección nos presenta a siete nombres clave -que no pienso desvelar, por si me acusan de spoilear-, en una simbiosis perfecta entre textos de autores de la relevancia de Manuel Rivas, que se mezclan con obras artísticas impactantes.

Generalmente, el arte al que nos tiene acostumbrado Ribeira es puramente estético, pero nunca he conocido ningún color capaz de empañar al valor del contenido. Precisamente, el mérito de Libertas es el de habernos recordado cada palabra enjaulada, enmarcándola ante el polvo del olvido.

Por Antón Parada CIUDADANA

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