Nueve desapariciones sin esclarecer

Seis de las personas en paradero desconocido fueron vistas por última vez en algún punto de la comarca; las otras tres salieron al mar y nunca volvieron a pisar tierra


En España hay 4.164 personas desaparecidas, de las que 128 se contabilizan en Galicia, y nueve se reparten entre las comarcas de Barbanza, Noia y Muros. Solo en los últimos dos años se dieron cuatro casos, causando especial repercusión el de Diana Quer. Pero igual de importantes son las circunstancias en las que se ausentaron la boirense Manuela Lorenzo, el carnotano Lino Fiuza o el lousamiano José Manuel Busto. Casos, todos ellos, que siguen sin resolver. En idéntica situación se encuentran las investigaciones iniciadas en su día para dar con el paradero del pobrense Antonio González, desaparecido en el 2008 mientras paseaba por Cabío; y la compostelana María José Arcos, cuyo coche fue visto por última vez en 1996 en el faro de Corrubedo sin rastro alguno que permitiese localizar su cuerpo.

A estas seis personas de las que nunca se volvió a saber nada, hay que añadir los nombres, apellidos y los dramas que arrastran las familias de tres hombres que salieron al mar para no volver a pisar tierra nunca más. Se trata de Jacobo Hernández, cuyo barco se hundió en enero del 2013 cerca de Vionta, y de dos de los tres marineros que iban a bordo del Paquito nº Dos, el bateeiro que se fue a pique por un golpe de mar frente al faro de Corrubedo en diciembre del 2014. Se trata de Santiago Blanco Treus, Mané, y Antonio Hermo Torrado, Raúl. El tercer ocupante del Paquito nº Dos, que además era el patrón, José Germán Fernández Triñanes, fue localizado sin vida a las pocas horas del naufragio.

Investigaciones en curso

La de Diana Quer es la investigación que sigue en activo y, de calle, con más fuerza. Tanto es así que entre semana es común encontrarse con agentes de paisano que recorren, sobre todo, A Pobra en busca de nuevas pruebas que permitan aportar luz a una investigación muy compleja. En el caso del carnotano Lino Fiuza, sus hijas y otros familiares aprovechan muchos días libres, y siempre que el tiempo lo permite, para salir al monte y recorrer, principalmente, el camino que se sabe que hizo él antes de que se lo tragase la tierra. Sus hijas también hablaron con cazadores y personas aficionadas a recorrer la zona a caballo para que avisen inmediatamente si encuentran algún rastro. En este caso, no hay constancia de que la investigación esté activa.

El lousamiano José Manuel Busto hacía prácticas en una empresa de Ribeira, como un día cualquiera dentro de su calendario de formación, la última vez que fue visto. Luego abandonó Santa Uxía con la aparente intención de regresar a su casa, en Lousame. Pero nunca llegó, y lo único que trascendió fue la localización, por parte de un peregrino, de algunas pertenencias como su teléfono móvil y su reloj en Fisterra. De él, o su cuerpo, nada de nada. En este caso, la investigación tampoco tuvo demasiado recorrido.

El caso de Manuela Lorenzo sigue siendo una espina clavada para los agentes que participaron en su búsqueda. Aún así, y al igual que en el resto de desapariciones relatadas, no se dedicaron los mismos medios que para dar con Diana Quer. Su hijo, José Rebollido, así lo entiende, y al ver el operativo que se orquestó para el caso Diana Quer, y comprobar hasta donde puede llegar la Guardia Civil, se indigna al considerar que se trata de un agravio comparativo sin justificación. A tal punto llegó su desesperación por la falta de pruebas, o al menos indicios para dar con Manuela, que José Rebollido contrató a detectives privados. En la jornada de hoy, y coincidiendo con el día Nacional de los Desaparecidos, la ausencia de Lela, que es como era conocida, sigue en el airea con muchas preguntas y ninguna respuesta.

Otros misterios

La crónica negra sobre desaparecidos en Barbanza, Muros y Noia se completa con hasta siete muertes que tampoco se resolvieron. La última tuvo como escenario, el pasado 24 de enero, la planta de basura de Servia. Allí se localizó sin vida a un bebé de siete meses. La investigación apuntó, a los pocos días, que el cuerpo procedía de Milladoiro, aunque, a día de hoy, no volvió a trascender ningún otro dato. En la misma planta de Servia, pero en el 2007, se localizó una pierna de la que tampoco se volvió a saber nada.

En febrero del 2016 se encontró a una pareja muerta en una casa de Xuño. Él se suicidó, pero todo apunta a que ella fue víctima de un delito de violencia sexista. Al no haber testigos, la investigación entró en punto muerto hasta hoy. El caso del catalán que apareció en la playa de A Illa con dos tiros en el cuerpo y atado en un saco de plástico sigue en el aire, igual que los de María Dolores Villar, vecina de Santa Comba que apareció muerta en Carnota; Elena Calzadilla, la viguesa cuyo cadáver fue localizado en su casa de Porto do Son; y Antonio Nine, localizado sin vida en el 2002.

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