Nueve desapariciones sin esclarecer

BARBANZA

MARCOS CREO

Seis de las personas en paradero desconocido fueron vistas por última vez en algún punto de la comarca; las otras tres salieron al mar y nunca volvieron a pisar tierra

09 mar 2017 . Actualizado a las 08:11 h.

En España hay 4.164 personas desaparecidas, de las que 128 se contabilizan en Galicia, y nueve se reparten entre las comarcas de Barbanza, Noia y Muros. Solo en los últimos dos años se dieron cuatro casos, causando especial repercusión el de Diana Quer. Pero igual de importantes son las circunstancias en las que se ausentaron la boirense Manuela Lorenzo, el carnotano Lino Fiuza o el lousamiano José Manuel Busto. Casos, todos ellos, que siguen sin resolver. En idéntica situación se encuentran las investigaciones iniciadas en su día para dar con el paradero del pobrense Antonio González, desaparecido en el 2008 mientras paseaba por Cabío; y la compostelana María José Arcos, cuyo coche fue visto por última vez en 1996 en el faro de Corrubedo sin rastro alguno que permitiese localizar su cuerpo.

A estas seis personas de las que nunca se volvió a saber nada, hay que añadir los nombres, apellidos y los dramas que arrastran las familias de tres hombres que salieron al mar para no volver a pisar tierra nunca más. Se trata de Jacobo Hernández, cuyo barco se hundió en enero del 2013 cerca de Vionta, y de dos de los tres marineros que iban a bordo del Paquito nº Dos, el bateeiro que se fue a pique por un golpe de mar frente al faro de Corrubedo en diciembre del 2014. Se trata de Santiago Blanco Treus, Mané, y Antonio Hermo Torrado, Raúl. El tercer ocupante del Paquito nº Dos, que además era el patrón, José Germán Fernández Triñanes, fue localizado sin vida a las pocas horas del naufragio.

Investigaciones en curso

La de Diana Quer es la investigación que sigue en activo y, de calle, con más fuerza. Tanto es así que entre semana es común encontrarse con agentes de paisano que recorren, sobre todo, A Pobra en busca de nuevas pruebas que permitan aportar luz a una investigación muy compleja. En el caso del carnotano Lino Fiuza, sus hijas y otros familiares aprovechan muchos días libres, y siempre que el tiempo lo permite, para salir al monte y recorrer, principalmente, el camino que se sabe que hizo él antes de que se lo tragase la tierra. Sus hijas también hablaron con cazadores y personas aficionadas a recorrer la zona a caballo para que avisen inmediatamente si encuentran algún rastro. En este caso, no hay constancia de que la investigación esté activa.