Mi mejor madre del mundo

La boirense será enterrada hoy en Vista Alegre


La madre de cada uno es la mejor madre del mundo, y aquel hijo que así no lo vea es que no es el mejor hijo del mundo. Ayer se marchó la mía, y desde la 1.25 de la madrugada a mi vida le falta un soporte, un básico cimiento que, en un lapso de no sé cuantos años, menos percibía en mi equilibrio vital. Porque así son las mejores madres del mundo, que son evidentemente imprescindibles para traerte a la vida, para dar tus primeros pasos, para ir soltándote la mano con el fin de que aprendas a volar libre, pero sensatamente, y, a partir de entonces, se vuelven discretamente imprescindibles para que te forjes como persona, pero siempre estando ahí, por si un determinado día de adulto pierdes el equilibrio, para hacer que tu caída sea lo más leve posible.

Probablemente yo no he sido el mejor hijo del mundo, por no haber sabido transmitirle últimamente cuanto la quería, y ella, en su generosidad, me recompensó falleciendo con su mano asida a la mía, respirando cada vez más pausada, quizás para tratar de no herirme, o para hacer que su pérdida me dejase sabor agridulce por la muerte de alguien a quién amas tanto, pero que se va con tanta dignidad que instintivamente das las gracias por ese adiós tan suave, tan triste, pero satisfactorio. Ella me enseñó a apreciar las pequeñas cosas, el canto de los pájaros, el salto de las ranitas, la floración de las plantas, y también las grandes cosas, el respeto a los demás, la educación, el agradecer tener siquiera un poco para poder compartir aunque solo fuese un poquito.

Se llamaba Filomena Noal Sieira, aquella señora que crio cuatro hijos en tiempos que efectivamente eran de penurias, que fue capaz de hacer el milagro de la conciliación que hoy tanto se anhela, porque atendía a su prolífico hogar y aún sacaba tiempo para ejercer de modista, de costurera, de cuidadora de personas mayores; cuyo paso por la Coral Baldomar le valió para extender su territorio vital y su pertenencia a la Asociación de Amas Casa de Boiro le abrió horizontes de amistad y formación.

Fue, es y será mi mejor madre del mundo, a la que debo estar en esta vida, a la que debo ser lo que soy como persona y a la que debo incluso la definitiva lección de haber sabido marcharse con la misma dignidad con la que había vivido. Mamá: Ya no estás de cuerpo presente, pero la memoria de los que te queremos te mantendrá viva eternamente.

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