El «Prestige» acabó con alguna iniciativa innovadora a través de la Red


Hace unos quince años y cuando Internet todavía era una herramienta que apenas se utilizaba, varias cofradías de la zona, entre ellas Porto do Son y Lira, ya tenían la mente puesta en la Red para comercializar sus productos. Así nació Lonxanet, una empresa sin ánimo de lucro y cuya finalidad era poner en valor los productos del mar de la zona. La idea estaba arrancando, pero el hundimiento del Prestige tiró por tierra un proyecto de futuro que no pudo aguantar las embestidas del chapapote y se quedó fuera de servicio al no haber pescado ni marisco para ofrecer a los clientes.

Portosín también se había apuntado a las nuevas tecnologías. Azul de Portosín era una marca en la que los dirigentes del pósito confiaban para poner en cualquier punto de España la tradicional sardina gallega. La iniciativa no cuajó como se esperaba y pasó de ser una idea innovadora a otro proyecto frustrado en el que la intención era vender directamente del mar al consumidor.

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El «Prestige» acabó con alguna iniciativa innovadora a través de la Red