Las comunidades de montes destinaron más de dos millones a prevenir incendios

El dinero invertido procedía de ayudas de la Xunta y de lo que perciben por parques eólicos o alquiler de terrenos

X. Alvite J. Sande
ribeira / la voz

Salvo excepciones, como es el caso de comunidades de montes como la de Colúns, en Mazaricos, o San Mamede, en Carnota, entre otras, en cuyo territorio hay parques eólicos bastante grandes que reportan ingresos, la mayoría de estas entidades barbanzanas dependen en gran medida de las subvenciones de la Xunta y de los distritos forestales cuarto y quinto para acometer trabajos en materia de prevención de incendios. Los presidentes las agrupaciones consultadas coincidieron en señalar que de la venta de madera no se obtienen ingresos, debido a que la frecuencia con la que se producen los incendios hace imposible que los árboles crezcan lo suficiente para su comercialización, o que, si logra darse salida a alguna partida, los ingresos son exiguos. Pese a todo, aunque con notables diferencias, las ochenta comunidades existentes destinaron una media de 30.000 euros en el último año a realizar trabajos de prevención, lo que implica una inversión superior a los dos millones de euros.

El responsable de los comuneros de Oleiros, Joaquín Gómez, señala que el pasado año gastaron 26.000 euros en limpieza de caminos, desbroces y realización de cortafuegos: «Habería que facer moito máis», dijo.

Una de las entidades que sí ha podido hacer una fuerte inversión es la de Lariño. Su presidente, Mariano Lago, indicó que invirtieron 140.000 euros procedentes de ayudas de la Xunta, pero menos fortuna han tenido en Xuño y Caamaño donde, además de ver como el terreno forestal acababa devorado por el fuego, tienen que litigar para obtener los ingresos que les corresponden por un parque eólico singular que hay en su territorio.

El dirigente de la agrupación de Xuño, José Manuel Silva, explica: «Non puidemos optar ás axudas da Xunta porque, para recibir os cartos, a comunidade ten que facer unha aportación e non tiñamos nada». Ahora la entidad acaba de cobrar parte del dinero que le debe la empresa que gestiona el parque eólico, pero para ello han tenido que contratar a un abogado.

El representante de la mancomunidad de montes Serra do Barbanza, Santiago Suárez, reconoce que las agrupaciones están en una difícil situación para invertir en prevención de incendios: «A maioría viven de pedir cartos a Xunta e Deputación».

Pese a las dificultades económicas, hay colectivos que tienen una gran actividad. En Baroña ponen desde hace muchos años el acento en las limpiezas, lo mismo que se hace en Louro, donde los propios comuneros se ocupan hasta de vigilar el terreno forestal para ahuyentar a los incendiarios. En el término de Mazaricos destaca la labor que desarrolla la de Xián-Furiño, que efectúa una gestión muy eficaz porque ven la actividad forestal como una fuente de ingresos.

Un ejemplo de profesionalización en la gestión del monte lo dio un colectivo constituido en Outes hace un año, SomosCuns, que constituyó la primera sociedad forestal de Galicia.

La instalación de aerogeneradores en terrenos forestales constituye una de las vías de ingresos más frecuentes.

Las comunidades reconocen que los incendios sistemáticos hacen casi imposible la venta de madera.

Algunas comunidades alquilan parte de su terreno. La Escuela de Capacitación Agraria de Lourizán, por ejemplo, tiene parcelas arrendadas para realizar estudios.

Las empresas que instalan antenas abonan un canon a las entidades.

Fábricas de celulosas también llegan a acuerdos con las comunidades para llevar a cabo plantaciones para sus factorías.

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