«Cuando me arrestaron pensé que, como tantos, nunca más vería la luz»

En su minigira por Galicia, el fotógrafo egipcio hizo escala en Barbanza, donde dio una lección de lucha por la libertad


RIBEIRA / lA vOZ

A sus 24 años, Ahmed Ali Abdelhamid Ahmed Darraz ha esquivado balas, le han roto un hombro mientras trataba de fotografiar una revuelta y ha terminado exiliado en su lucha por un país libre. Testigo directo de la represión del régimen de Abdel Fattah al Sisi contra la población, el fotoperiodista egipcio de mirada furtiva y cámara aguerrida reconoce que su vida poco tiene que ver con la de los jóvenes ante los que ayer se sentaba. El activista protegido por Amnistía Internacional compartió sus experiencias con un grupo de alumnos de un instituto barbanzano, dentro de una minigira gallega que empezó en A Coruña y pasará también por Santiago, Vigo y Pontevedra. El mensaje que esparce entre la juventud, «que es el futuro», dice, es que hay que perseguir los sueños. El suyo es el de un Egipto democrático y libre y, aunque tenga que predicar fuera de su patria, está dispuesto a perseguirlo hasta el final.

-¿Cómo acaba un diplomado en computación e información convirtiéndose en un activista?

-Siendo un activista político, casi desde la infancia. Empecé a involucrarme a partir del año 2000 a raíz del incidente de Muhammad al Durrah, un niño palestino que en la primera manifestación de su vida acabó muerto a tiros. La escena me impresionó. Comencé a relacionarme con otros activistas políticos en la calle y, a través de un amigo un poco mayor que yo que estaba en un partido de izquierdas, fui conociendo las actividades que hacían en mi país.

-Como fotoperiodista trabajó documentando las violaciones de las fuerzas de seguridad en Egipto, ¿llegó a sentir que su vida estaba en peligro?

-A principios del 2011 y hasta el 2012 estuve sacando fotos como freelance. Conocí a un fotoperiodista de Reuters que hizo la cobertura de muchas guerras y me dijo que la revolución que había cubierto en Egipto era muchísimo más complicada que todo lo que había tenido que hacer en los enfrentamientos bélicos. Un incidente especial me ocurrió un día 19 de marzo del 2012, era el desmantelamiento de la manifestación por los heridos de la revolución. Estaba fotografiando la entrada del ejército hasta la plaza y se me acercó un oficial que me cogió la mano, me la retorció y me empujó rompiéndome el brazo. Otro día, fotografiando de noche otra intervención policial, sin querer me saltó el flash de la cámara y entonces me di cuenta que las balas volaban a mi alrededor.

-¿En ningún momento pensó en dejarlo por su propia seguridad?

-No. La verdad es que no me lo llegué a plantear.

-En el 2014 finalmente acaba arrestado cuando estaba cubriendo gráficamente otro acontecimiento, ¿sintió que era el fin en ese momento?

-Tenía un amigo que llevaba en prisión bastante tiempo junto con otras personas. Cuando me arrestaron pensé que, como tantos otros, nunca más vería la luz.

-Fue condenado a 25 años en un juicio en el que ni siquiera llegó a estar presente, ¿qué salidas se plantea uno cuando conoce una sentencia como esta?

-En el momento en el que me enteré que estaba condenado entré en un estado de shock, me invadió el miedo, pero después empecé a pensar con mis compañeros de trabajo en la posibilidad de irme lejos, de viajar fuera del país. Hablo del empleo que tenía como fotógrafo con una asociación de derechos humanos, porque si en mi otro puesto, en un periódico, se llegan a enterar de esto me hubieran echado a la calle al instante (dice mostrando, por primera vez, una sonrisa).

-¿Empieza su relación con Amnistía Internacional a partir de este capítulo o venía de antes?

-La federación egipcia estaba, precisamente, en la oficina de la Comisión Egipcia por los Derechos y las Libertades, en la que yo tenía mi segundo trabajo, al margen del periódico. Nuestro director, con doble nacionalidad, egipcia y suiza, era el responsable de Amnistía Internacional en Suiza, por lo que ya habíamos estado en contacto antes de que pasase este acontecimiento.

-Lleva en Galicia un par de días pero, ¿qué es lo que más le está gustando de su visita?

-Principalmente, que estoy hablando con jóvenes que no han llegado a cumplir la mayoría de edad de temas que yo nunca podría tratar abiertamente en mi país sin meterme en problemas y para mí esa es la clave, porque en la juventud está el futuro.

-¿Hay algo que le esté sorprendiendo especialmente en este choque de culturas, porque sería impensable en Egipto?

-(Se ríe e intercambia unas palabras con el traductor) Precisamente de eso estuvimos hablando hoy cuando viajábamos en coche hasta Barbanza. Le comenté que ojalá mi país fuera como esto, como Galicia o como en el resto de España, por las carreteras y las infraestructuras que hay en general. Ojalá tuviéramos este trato entre la gente, este respeto al tráfico o vuestra educación. Son cosas que me generan cierta envidia y me gustaría ver todo esto algún día en mi país.

-¿Con qué mensaje le gustaría que se quedara toda la gente que está asistiendo estos días a sus conferencias por Galicia?

-Cuando empecé a trabajar en política encontré muchas dificultades pero intenté con todas mis fuerzas mantenerme firme con mi sueño y lo que estoy repitiendo estos días en las charlas que doy en los institutos es que, aunque la vida de todos estos chavales es mucho más fácil de lo que fue la mía, es importante también que luchen por conseguir sus sueños.

-El suyo, ¿en qué consiste?

-Mi sueño es que mi país sea libre de una vez por todas.

-Si tuviera el poder de escribir un titular y que este se hiciera realidad, ¿cuál sería?

-Soy fotógrafo, no periodista, estas cosas no se me dan bien (indica mientras se echa las manos a la cabeza para estrujar la cabeza). Un egipcio siempre sueña con un país democrático.

«En el momento en el que me enteré que estaba condenado entré en un estado de ‘shock’ y luego pensé en irme lejos»

«Ojalá mi país fuera como Galicia y tuviera este trato entre la gente, este respeto al tráfico o vuestra educación»

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