Egolatría


Como no hay dos sin tres, vuelvo una semana más a la hemeroteca. Publica La Voz de Galicia el lunes 31 de octubre en sus páginas de deportes un breve reportaje sobre la inminente renovación de Cristiano Ronaldo por el Real Madrid. El periodista entrecomilla una frase pronunciada por el jugador a raíz de su lesión en la final de la pasada Eurocopa: «Si yo fuese presidente del Real Madrid y tuviese un jugador como yo, lo renovaría al menos diez años más». Supongo que al rematar dicha frase este moderno y modesto gladiador emitiría su bufido de cíclope todopoderoso con el que suele reivindicarse como macho alfa de la que él supone es su manada. Eso sí que es amor propio y no lo que decía un viejo y sabio amigo mío: el genuino amor propio no es otra cosa que masturbarse.

La egolatría en estos tiempos ya no es patrimonio de gentes con éxito, dinero o bien vivir. El egoísmo entra a sangre y fuego en nuestros corazones de modo que el riego cerebral se resiente y nos ha convertido en seres absolutamente amadores de nosotros mismos, fríos y cultivadores del desamor y el desprecio al prójimo. Si además este filtro altamente tóxico se nos dispensa gratuitamente a través de pantallas de plasma habitadas por seres de toda calaña que pasan por vates y olímpicas deidades de un cielo de basura maloliente, el resultado no puede ser otro que el desastre. Sé con certeza, y me alegro, que estamos viviendo un tiempo final y presiento detrás de tanta vileza un nuevo cielo y una nueva tierra. No es la primera vez que pasa pero estamos a las puertas de un cambio de era. Espero que sea para mejor. ¿Aprenderemos? Seguro que no.

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