La violencia de los furtivos dificulta a las cofradías contratar vigilantes

Ana Gerpe Varela
A. Gerpe RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

Cabo es la entidad que más problemas tiene y en A Pobra un profesional se fue al ser amenazado

27 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Las cofradías de la comarca suelen quejarse de las dificultades que tienen para vigilar su territorio y para preservar los recursos ante la acción indiscriminada de un creciente número de furtivos. El problema no deriva solo de que las estrecheces económicas por las que muchas atraviesan limitan su capacidad para contratar personal, sino también de las reticencias por parte de profesionales con la cualificación necesaria para supervisar los arenales. La violencia demostrada por algunos mariscadores ilegales y las agresiones sufridas por diversos guardapescas hacen que cada vez se ponga más cuesta arriba para los pósitos conseguir personal que ahuyente a quienes se llevan el bivalvo de manera ilícita.

Un ejemplo de que el trabajo de supervisor de concesiones marisqueras cotiza a la baja lo han tenido recientemente en la cofradía de Cabo de Cruz. Explica la patrona mayor, Raquel Souto, que en este momento tienen a dos guardapescas de baja y que pretendían cubrir sus vacantes, pero por el momento no lo han conseguido. El lunes iba a incorporarse una persona, comenta, pero llamó para decir que no iría. La dirigente lo tiene claro: «A conflitividade que se vive nas zonas que administramos é moi grande».

El patrón mayor de A Pobra, Juan Miguel Iglesias, explica que en alguna ocasión han tenido que llamar a la academia de seguridad en busca de profesionales y señala: «Non hai moita xente que estea disposta a traballar en areais tan problemáticos como estes». Hace un año, comenta, un guardapescas decidió marcharse porque nada más empezar ya tuvo un importante encontronazo con un furtivo.

Las agresiones

Sobre agresiones y amenazas saben mucho quienes trabajan en las concesiones de la comarca. Guardapescas de Rianxo, A Pobra y Cabo de Cruz han sido objeto en más de una ocasión de la brutalidad de los mariscadores ilegales. Son varios los vigilantes que han acabado en el médico y alguno ha sufrido importantes lesiones que lo mantuvieron meses apartado de la actividad.

Otras veces se libran por los pelos y son los vehículos en los que viajan los que son objeto de todo tipo de daños.

Incluso en cofradías como la de Noia, en la que la acción de los furtivos suele ser menos beligerante que en Arousa norte, reconocen que el riesgo que entraña esta profesión motiva que «non todo o mundo estea disposto a asumir un emprego destas características».

Algunos dirigentes de pósitos también indican que quienes desarrollan esta labor se encuentran indefensos porque su capacidad de maniobra es muy reducida: «Un gardacosta da Xunta ten presunción de veracidade, pero para os que traballan nos pósitos a situación resulta máis difícil», señalan desde Noia.

A la peligrosidad que entraña tener que enfrentarse a personas que parecen estar dispuestas a cualquier cosa para llevarse el marisco de forma irregular se une el ingente trabajo que hay que desarrollar, dado que cofradías como la de Cabo de Cruz, por ejemplo, tienen una amplia extensión de terreno que, como dice la patrona mayor, Raquel Souto, es inabarcable.

Las cofradías tienen contratados a un total de 45 vigilantes, de los que la mitad están en Noia. Entre vacaciones y bajas es excepcional que estén todos operativos y todas las entidades afirman que necesitan más.

Vigilantes que no pueden tripular la lancha en A Pobra

Los requisitos exigidos a quienes trabajan en el mundo del mar o en actividades vinculadas al mismo también constituyen un problema en algunos casos. Explica el patrón mayor de A Pobra que los vigilantes que tiene la entidad no pueden utilizar la embarcación del pósito, de 9,5 metros de eslora porque, pese a tener la titulación requerida, les faltan las horas de mar: «Que non poden facer na confraría porque no se pode despachar a embarcación ao carecer das horas de mar. De tolos, vamos», apunta Juan Miguel Iglesias.

La alternativa, explica el dirigente, es que hagan la parte práctica que les corresponde en otro lugar, lo que dejaría a la entidad pesquera sin vigilantes. El responsable afirma que son muchas las normas que se dictan y que a veces son contradictorias, por lo que no duda en manifestar: «Ás veces parecemos gomas, cada un tira dun lado».