Comienzo del mismo modo que la pasada semana esta atribulada página. Primera plana de La Voz del 19 de octubre: «Los pensionistas gallegos solo cobrarán dos euros más a partir de enero». Aquí debería rematar el artículo y dedicarme a otra cosa; por ejemplo, a describir el apareamiento de las tortugas laúd. Pero ¿cómo no comentar este asunto de las pensiones? Apenas pasó un sueño, un periquete como decía mi maestro don Tomás Leiceaga desde las elecciones gallegas, y aquí está la estocada.
Vean cómo se diluyen las promesas electorales en el fango de la mentira y el descaro. Aún resuenan en los teatros, en las plazas y en las arboledas los ecos de los múltiples parabienes, caramelos y demás buenas intenciones de los mitineros de todo pelaje y condición, y ya los espinos de la falacia, el mentir por mentir y el «vaya panda de ingenuos que me han puesto hoy como público» se adueñan de las horas encadenadas a la dura y cruda realidad.
Estos mismos que anunciaron que las pensiones subirían como el globo de Betanzos no solo no se conformaron con eso sino que, los muy aviesos, añadieron: «Votadnos a nosotros porque los otros os quitarán la pensión, el pan, el vino y hasta la honra». Así que el voto del miedo funciona y más si se potencia en un país envejecido como esta vetusta Galicia mártir. Al día siguiente, 20 de Octubre, este periódico titulaba su página 32: «Un 60% de los pensionistas gallegos viven con menos del salario mínimo». Estos son hechos que parecen chocar con la mayoría absoluta que consiguió el señor Feijóo. ¿Qué pasa aquí? Lo dice la sabiduría popular, no Cervantes: «¡Cosas veredes, Sancho!».