El puerto de Lira pasó de referente pesquero a dársena infrautilizada

Los proyectos que nacieron al abrigo del pósito lirense han decaído, igual que el mantenimiento de las instalaciones


Carnota / Corresponsal

Hace 50 años que el puerto de Lira, Portocubelo, comenzó a disponer, de forma lenta pero progresiva, de instalaciones adecuadas para la pesca y el marisqueo. La seguridad que se consiguió en la ensenada y que permite el amarre de las embarcaciones sin peligro durante los crudos días de invierno es digna de elogio, aunque bien es cierto que podría mejorarse con un dique en A Veirada. A las obras portuarias siguieron otras que ayudaron a dignificar las condiciones de vida de las gentes del mar, como los edificios administrativos, las casetas del puerto y una lonja. Cabe añadir también la planificada estética de la zona y unas amplias explanadas.

La llegada de ayudas para estas obras logró dar impulso a la pesca artesanal, actividad que cuenta con el mayor número de embarcaciones en Portocubelo, la potenciación de las ventas en la rula lirense, la subasta y comercialización on line y el despliegue de iniciativas novedosas en el sector, como fueron el turismo marinero, las acciones educativas y culturales y la apuesta por la pesca sostenible.

Pero la crisis económica y social también afectó a la cofradía de Lira, y el que un día fue puerto referente en desarrollo e innovación inició su declive. La reserva marina de Os Miñarzos tampoco tuvo el éxito inmediato que se esperaba y Portocubelo y su entorno fueron perdiendo protagonismo, haciendo difícil incluso la continuidad de su pósito.

Escasa actividad

La magnitud de las obras ejecutadas en su día contrastan hoy con la escasa actividad que se realiza en torno a la lonja y al puerto lirenses. La cofradía se vio obligada a prescindir de trabajadores, acuciada por las deudas, la actividad mercantil fue mermando por la escasez de compradores e incluso algún armador desistió de tener Portocubelo como puerto base para su embarcación. La recesión se aprecia también en el estado de conservación que presenta el nuevo edificio de la lonja, en el que el óxido aflora por doquier.

El recientemente elegido cabildo de la cofradía se esfuerza por conservar lo que tanto costó conseguir. Afronta con ilusión la difícil etapa actual y persigue la recuperación de la actividad en la lonja como única garantía de éxito para Portocubelo. De nuevo se precisa de estímulos de las Administraciones para evitar un deterioro irreversible de varios servicios del puerto, pero se hace especialmente necesaria la restauración del recinto de subasta de pescados de Lira.

Pero para recuperar toda la acción cultural, deportiva, turística y medioambiental que en su momento se generaron en Portocubelo es preciso que los entes públicos se impliquen, pues el pósito, por sí solo, es incapaz de ponerlos de nuevo en marcha.

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