La sucesión de incendios impide a los comuneros rentabilizar el monte

La falta de ingresos acucia a las entidades, que ahora están obligadas a hacer planes de ordenación


Ribeira / la voz

«Hai uns vinte anos que non se vende madeira dos nosos montes», afirma Manuel Reiriz, presidente de los comuneros de Artes, quien indica que los ingresos de los que dispone la entidad son muy escasos porque sus únicas vías de financiación proceden del arrendamiento de unas parcelas, una de las cuales está ocupada por un aparcamiento, otra por una antena y una tercera, por gasóleos San Alberto. La situación de Artes es extensible a otras comunidades, como la de Carreira, cuyo responsable, Juan Ramallo, comenta que sus aportaciones llegan de la cuota que paga el restaurante de O Vilar, que se salvó por los pelos del incendio registrado el primer fin de semana de agosto. Aunque todas las entidades barbanzanas tienen plantaciones, la sucesión de incendios impide rentabilizar el monte porque los árboles no llegan a desarrollarse lo suficiente para poder vender la madera.

Los comuneros explican que para que la madera de pinos y eucaliptos pueda comercializarse se necesitan entre quince y veinte años. Sin embargo, y según los datos aportados por las entidades, sobre un 80% de las más de mil hectáreas de arbolado que han ardido este mes, entre los incendios de Porto do Son, Ribeira y el de Leiro, en Rianxo, tenía solamente entre siete y nueve. Es decir, las llamas se llevaron por delante el trabajo de reforestación realizado después del 2006.

La falta de recursos hace que las comunidades reconozcan su incapacidad de afrontar los gastos que implica la contratación de técnicos para evaluar los daños causados por el fuego.

Seis mil euros

A esto se une el hecho de que una normativa autonómica obliga a las entidades a realizar planes de ordenación del terreno, por lo que todas se han visto forzadas a recurrir a empresas especializadas y el coste, según los datos aportados por algunas, puede superar los seis mil euros.

Los comuneros de Xuño, explica su presidente, contaban con un plan de ordenación desde la década de los ochenta, pero hace tiempo que dejó de servir para nada porque desde entonces ya han sufrido tres grandes incendios, lo que, entre otras cosas, ha obligado a trasladar las áreas de pastoreo.

En vista de esta situación, la mancomunidad Serra do Barbanza, que engloba territorios de cinco concellos y abarca unas siete mil hectáreas, demandó ayer a representantes de la Diputación, en una reunión celebrada en Xuño, el establecimiento de nuevas líneas de subvenciones equiparables a las que reciben las cofradías. Al encuentro asistieron la responsable de Benestar, Ánxela Franco, y los de Promoción Económica y Medio Ambiente, José Luis García y José Pequeño Castro, que se comprometieron a estudiar esta vía.

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