Un bazar en las redes de saneamiento

Las toallitas son la gran lacra del alcantarillado, pero también se han encontrado hasta fregonas y latas


Noia / La Voz

A juzgar por lo que se escucha de boca de los responsables municipales, los técnicos que se ocupan del mantenimiento de las redes de alcantarillado y las estaciones depuradoras de la comarca podrían escribir un libro de anécdotas o realizar un completo inventario de los objetos más insospechados con los que se han topado a la hora de limpiar o desatascar las tuberías. Y es que, en vista de lo que se tira en ocasiones por el retrete, las canalizaciones del saneamiento parecen poco menos que un bazar en lugar de la red de recogida de las aguas residuales.

Sobre esta cuestión, el Concello de Porto do Son ha puesto en marcha una campaña este verano, no tanto por los objetos extraños que acaban en la depuradora o los filtros de los bombeos, como por la proliferación de toallitas, bastoncillos para los oídos, compresas o productos de higiene por el estilo. No es un problema aislado, sino que, preguntando en otros ayuntamientos, la cantinela se repite, sin embargo, en el término sonense se agrava por el acusado incremento de la población durante el verano. Esta situación ha llevado al gobierno local a pedir la colaboración de los ciudadanos para que eviten tirar al retrete toallitas e, incluso, basura.

Podría pensarse que añadir a la petición que no se tiren desperdicios es exagerado, pero resulta que no lo es tanto, como explicaba el regidor sonense, Luis Oujo: «É incrible a de cousas que se tiran polo inodoro, non sei nin como pasan pola tubaxe». En su caso, las maniobras para desatascar la red de saneamiento sacaron a relucir hasta una fregona, una situación que no es aislada.

El arsenal de productos de limpieza no se queda ahí. En Muros, además de fregonas, han aparecido escobas y trapos, e incluso pelotas. Aunque lo más rocambolesco que se ha encontrado ha sido una dentadura.

Latas y escombro

Sobre esta cuestión, el alcalde de Boiro, Juan José Dieste, añade que falta mucha concienciación entre la ciudadanía sobre el uso que debe darse a los servicios y la repercusión económica que tienen ciertos comportamientos. No en vano, cada vez que se detecta un atasco en la red es preciso contactar con una empresa especializada que deshaga el tapón y eso supone un coste añadido. Pese a ello, hay quien no se corta un pelo a la hora de tirar al alcantarillado cualquier cosa. Bolsas de plástico, compresas, toallas, latas de cerveza y hasta jerséis han ido a parar a las canalizaciones de Boiro.

Otro elemento que parece un clásico son los restos de obra y escombros. Como explicaba Dieste, estos pueden llegar a los sumideros a través de las rejillas de pluviales: «Bótase de todo, ata grava e cemento, e onde non hai rede separativa vai dar tamén á depuradora. Iso vai sedimentando e acaba por obstruír as tubaxes». Sin embargo, en A Pobra esta situación también se ha dado en zonas donde sí hay una red separativa de pluviales y fecales, de modo que los restos de construcción solo pudieron haber llegado a los bombeos -con el consiguiente atasco- desde los desagües de las viviendas.

Ni las biodegradables

En lo que respecta a los problemas que causan en la red de saneamiento las toallitas higiénicas, también están a la orden del día en Muros y en Noia. El regidor noiés señalaba al respecto que «as celulosas sempre dan problemas e provocan que haxa que limpar os sistemas de desbaste del bombeos con moita frecuencia». En este sentido, desde Porto do Son advierten que ni siquiera deben tirarse las que son biodegradables, puesto que tardan en descomponerse y acaban obstruyendo la maquinaria, «causando graves e custosas avarías».

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