«La música es un mundo sin etiquetas y de creatividad»

La docente dice que el desarrollo musical en edad temprana, busca estimular el sistema auditivo y psicomotriz

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A.G.
noia / la voz

Nada más acceder por las coloridas puertas de la escuela de música Sondela, en Noia, se respira un ambiente familiar y la sensación de haber entrado en un cuento. Mónica Ces Lestayo, directora del centro y profesora de piano, explica cómo la música ha de ser un mundo en el que cada persona tenga la libertad para exprimir su creatividad y, sobre todo, en el que no existan etiquetas.

-¿Cuándo empezó a impartir clases de música?

-En el 2000, de forma un poco experimental. Había gente que me demandaba clases de música y me embarqué en el proyecto de crear una academia junto a una profesora de pintura. Con el tiempo ambas partes fueron creciendo y acabamos por independizarnos. Ahora Sondela es una escuela de música en la que se imparte solfeo, piano, batería, violín, violonchelo, guitarra, etc. Una oferta a la carta para la demanda de nuestros alumnos.

-Trabajan con bebés, ¿cómo surgió esta iniciativa?

-Todo empezó cuando me quedé embarazada y comencé a trabajar con mi hijo desde que estaba en el vientre. Ahí surgió mi interés. Una vez hubo nacido, una madre me propuso dar clases de música a su bebé, que tenía aproximadamente la misma edad, unos nueve meses. Investigué y me puse a explorar y a crear una programación que me permitiese trabajar con ellos.

-¿En estas clases, qué dinámica suelen emplear?

-Formamos grupos pequeños en los que trabajamos con los bebés, de nueve meses a 3 años, y padres, de forma que se establece un vínculo especial entre ambos. Cada uno de ellos es diferente, por eso lo que hacemos es preparar clases específicas. Intentamos conocer a cada niño y, en base a los recursos con los que contamos, creamos un método que fusiona diversas metodologías, pero sin utilizar una concreta, sino que nos adaptamos a ellos. Quizás esa es un poco la esencia de la escuela.

-¿Cómo es cada lección?

-Con los bebés es muy difícil trabajar. No podemos dejar nada a la improvisación y somos muy estrictos con nosotros mismos a la hora de programar cada día. Tenemos que prever una alternativa por si la actividad planeada no es bien recibida y por eso las clases son rutinarias, es decir, empezamos y acabamos siempre de la misma manera, de forma que los niños vayan ganando seguridad. En cualquier caso, hay que adaptarse a las circunstancias del crío. Eso es lo más importante, amoldarse a sus necesidades y no que ellos se amolden al docente.

-¿Qué beneficios conlleva trabajar con música desde la edad temprana?

-Yo no puedo hablar ni como científica ni como terapeuta, porque no lo soy, pero puedo hablar desde mi experiencia. Nuestro objetivo es que los niños se diviertan, pero también potenciar el sistema auditivo, el trabajo psicomotriz, la interiorización de ritmo y el conocimiento de su cuerpo. Todo ello con la música, lo cual es mágico. Desarrollas, estimulas, exploras y creas una motivación en el niño para que continúe con ella. Y el beneficio acaba siendo mutuo, porque los profesores aprendemos de ellos.

-También cuentan con clases para personas con algún síndrome diagnosticado o con lesiones cerebrales.

-Sí. Tengo que insistir en que yo no soy terapeuta ni médico, pero puedo asegurar que la música es beneficiosa siempre. Trabajamos con niños con síndrome de Asperger o con parálisis cerebrales. Lo que intentamos es sumergirnos en su mundo, conectar con ellos y hacer que la música pase a formar parte de él también. Lo hacemos en clases grupales, no queremos etiquetas, son uno más integrado entre sus compañeros. Todos somos diferentes, con nuestro carácter y personalidad.

-¿Cuál es el espíritu que se respira en la escuela y qué pretenden inculcar?

-Motivar la pasión por la música es lo primero, hacer que les guste y que disfruten. Tengo un equipo impresionante y muy especial, que hace que todo tome forma. Que permiten que la música sea un mundo en el que cada uno tenga la libertad de crear con su imaginación y en el que no se juzgue ni existan etiquetas.

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