Las piedras apiladas se extienden por Baroña alterando el yacimiento

Se han localizado montículos realizados con cantos en el interior del poblado


El castro de Baroña es sin duda uno de los recursos arqueológicos y turísticos de referencia para la comarca, pero ello no impide que su conservación se vea amenazada por la mano del hombre de forma recurrente. La moda de hacer montículos con piedras ha vuelto un verano más a la zona y de forma más virulenta que en otras ocasiones, traspasando incluso la muralla que protegía al poblado y alterando el yacimiento.

Esta costumbre, además de indignar, está generando especial preocupación en Porto do Son. En veranos como el pasado se destruían los montículos que iban apareciendo y, aunque al día siguiente surgían otros nuevos, la situación estaba más controlada. Sin embargo, este año es tal la proliferación de las columnas formadas con piedras que es imposible retirarlas y, en consecuencia, van a más. No en vano, la técnica de turismo que se encuentra en el punto de información de Baroña reconoce que muchos visitantes actúan por imitación creyendo que es una tradición amontonar los cantos rodados y luego acuden a la oficina para preguntar por su significado.

Y lo cierto es que en el punto de información turística no tienen respuesta para ello. Su origen se vincula al rock balancing, disciplina que busca el equilibrio natural de las piedras, y con el paso de los años fue a más, en parte como una especie de ritual para atraer la energía positiva y en parte por el desconocimiento de los visitantes, que creen que se trata de una tradición asociada al yacimiento de Baroña o una costumbre de origen celta. «O castro é un sitio especial, pero iso non se pode facer. É malo para o ecosistema e é malo para o castro», ataja la técnica de turismo.

Creciente preocupación

La creciente preocupación por esta práctica no solo tiene que ver con la cantidad de montículos de piedra, sino también con su ubicación. Hasta ahora, las piedras que se apilaban se situaban en los accesos y el entorno del yacimiento, fuera de las murallas del poblado, pero esta vez han aparecido varios dentro del recinto y en alguna de las viviendas que se conservan, con lo que se está alterando un castro en el que se ha hecho un gran esfuerzo en los últimos años para garantizar su conservación.

«Non sei a que responde ese costume de facer montóns de pedras, non sei se son bruxos ou uns listos, pero é indignante. E este ano é peor, incluso foron dentro do poboado», señalaba el alcalde, Luis Oujo, que mostraba su preocupación por el cariz que está tomando el asunto: «Esperemos que non cheguen a danar o castro».

El gobierno local se ve impotente para frenar la aparición de cantos apilados a pesar de la información que se facilita al respecto en la oficina de turismo y de la vigilancia que realizan tanto los técnicos como la Policía Local. También a través de las redes sociales del Concello se advierte de que está prohibido amontonar las piedras, mientras que no faltan vecinos y personas que visitan el castro que denuncian en la Red los perjuicios de esta práctica.

Sanciones importantes

Sin embargo, nada de eso está logrando poner coto a una costumbre que amenaza con arraigar en Baroña pese a estar prohibida y a que podría acarrear a quienes la practican importantes sanciones económicas por tratarse de un bien protegido.

El ejecutivo local busca la ayuda de Xunta y Diputación para seguir con las intervenciones

En los últimos años, el castro de Baroña ha sido objeto de una sucesión de actuaciones encaminadas a consolidar las estructuras existentes para garantizar su conservación, así como a recuperar el aspecto original de su imponente muralla o el foso. Para que este trabajo no quede incompleto, se hacen precisas nuevas intervenciones y el gobierno local está en contacto con Xunta y Diputación para tratar de conseguir los fondos necesarios para una nueva fase de los trabajos.

Tras varias campañas prácticamente consecutivas, este año no se ha realizado ninguna intervención importante en el castro sonense y el alcalde, Luis Oujo, confía en arañar alguna ayuda que permita retomar las tareas de conservación: «Cada actuación que se fai pide de outra para seguir avanzando. Estamos pendentes tanto da consellería coma da Deputación a ver se nos conceden algunha axuda e esperamos que os traballos poidan ter continuidade o ano que vén».

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