La alumna se convierte en maestra

Se inició en el grabado de la mano de Alfonso Costa y hoy es ella la que da lecciones


Noia / La Voz

Podría decirse de Rosana Calvo que es un muy buen ejemplo del provecho que se le puede sacar a un curso de verano. Fue una de esas actividades organizadas por el Liceo de Noia donde de inició en el arte del grabado de la mano de Alfonso Costa hace más de veinte años y hoy la alumna se ha convertido en maestra. Tiene su propio taller, en el que, además de dar rienda suelta a su creatividad y exponer el trabajo de otros artistas, imparte clases de grabado. Y por si hubiera alguna duda sobre su autoridad para dar lecciones en la materia puede presumir de un palmarés que incluye el prestigioso premio Atlante que cada año concede la fundación del museo de Artes, a pesar de que asegura que los galardones son algo muy gratificante pero simbólico: «Dende o meu punto de vista, teñen algo de sorte, de estar no lugar e no momento adecuado».

Cuando se le pregunta por sus inicios en el grabado y el porqué de su querencia por esta disciplina, explica que, como en tantos otros casos, empezó como un hobby y sin pensarlo demasiado: «Se o disfrutas, dá igual o que fagas». Así que, aunque su carrera profesional discurría por otros derroteros, siguió acudiendo al taller de grabado del Liceo noiés y participando en exposiciones colectivas: «Con outro traballo e con nenos pequenos é moi difícil sacar tempo para dedicarte a algo que non che aporte uns ingresos, así que durante moito tempo a arte non foi máis que unha afección».

La dificultad como oportunidad

El tiempo pasó, los niños crecieron y llegó una crisis que cortó de raíz muchas oportunidades laborales, y Rosana Calvo vio entonces la ocasión de convertir un escenario a priori negativo en la ocasión de dedicarse a lo que realmente le gusta, la pintura y el grabado. Montó un taller en Noia y en él intenta ayudar a que otros se abran camino en un mundo en el que reconoce que no resulta nada fácil dar a conocer el trabajo de uno mismo: «Dentro das miñas limitacións, trato de axudar a outra xente que se dedica ás artes plásticas a que poida mostrar a súa obra».

De sus palabras se deduce que ella tampoco lo tuvo fácil y echa en falta más espacios en los que los artistas puedan enseñar sus creaciones: «A das exposición é unha cuestión complicada, pero hai que intentalo, hai que moverse porque é moi bonito». Con todo, cree que estos no son buenos tiempos para las artes plásticas, «creo que cada vez se valora menos, cada vez hai menos xente que entra nas salas de exposicións».

A pesar de ello, está decidida a sacar adelante su taller y a seguir creando: «Para min o máis importante é que che guste o que estás facendo e teñas novos proxectos, seguir investigando cousas novas, experimentando...». Ella ha conseguido vivir del arte que le corre por las venas, aunque no oculta que no es tarea fácil: «A parte comercial é necesaria para poder seguir traballando do que che gusta e non é nada doado conseguilo, quizais a maneira de facelo sexa impartindo clases».

En Portosín

Y eso es lo que hace, enseñar a otros lo que ella ha ido aprendiendo con el paso del tiempo. Está intentando organizar nuevo grupos de alumnos para empezar a trabajar en septiembre y, mientras tanto, mantiene abierta una exposición con Nacho C. Beiro en Portosín.

Se trata de una muestra retrospectiva en la que se mezcla el gravado, la pintura y la acuarela de ambos artistas en un proyecto que comenzó a gestarse, como no podía ser de otra manera, en el taller de Rosana, donde el propio Nacho ha exhibido sus trabajos en alguna ocasión.

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