Trabajos a contrarreloj para salvar al ganado y evitar nuevos fuegos

Los comuneros de Xuño efectúan grupos de vigilancia para actuar si detectan un incendio


Ribeira / la voz

Después de haber puesto a salvo vidas humanas y propiedades, con el terreno teñido de negro todavía humeante, comienza en las localidades arrasadas por el fuego, como Xuño, Caamaño, Baroña u Oleiros, un intenso trabajo contrarreloj para salvar al ganado mostrenco y para evitar que se produzcan nuevos incendios. Representantes de las comunidades de montes que estos días se han visto afectadas por las llamas indican que no han detectado la muerte de ninguna de sus reses, pero ahora deben intentar localizarlas y agruparlas en espacios que no hayan resultado calcinados para garantizar que dispongan de alimento y bebida.

En el caso de la asociación de ganaderos de Xuño, presidida por Daniel Fernández, se ha habilitado un área en Ventoso, donde ya hay más de una veintena de reses. Se trata de uno de los pocos terrenos que ha sobrevivido al fuego, ya que a la comunidad de montes solo le quedan sin arder poco más de cien hectáreas. Daniel Fernández explica que es necesario localizar a los animales cuanto antes «porque empezan a camiñar en busca de pasto e acaban perdéndose e morrendo».

Una ruina

En la misma situación se encuentran quienes tienen sus vacas y caballos en áreas de pastoreo de la comunidad de montes de Oleiros. Entre todos suman más de un centenar de ejemplares, según explica uno de los propietarios, Manuel Lijó, quien señala que tampoco tienen constancia de que haya muerto ninguno. Lijó, que no duda en afirmar que «o que pasou é un crime», expresa su preocupación por lo que va a sucederles ahora a las reses.

Comenta que muchas ya bajaron hacia la zona de Moldes, pero manifiesta que sería necesario hacer un cierre para que no transiten por espacios quemados y para poder alimentarlas.

Además del trastorno, los incendios implican un coste añadido para los propietarios. Daniel Fernández señala que en el caso de Xuño, con 115 vacas y 65 caballos, serán necesarios entre quince y veinte rollos de hierba al día, cada uno de los cuales tiene un coste de 25 euros.

Además, los comuneros también llevan a cabo trabajos de vigilancia para, en caso de que se produzcan nuevos incendios, poder sofocarlos con la mayor brevedad. El presidente de la entidad, José Manuel Silva, explica: «Organizámonos en grupos para salvar o que nos queda e para poder soster o gando».

Quienes afirman que no tienen nada que salvaguardar son los comuneros de Caamaño. Su presidente, Juan José Paz, aseguraba: «Non nos queda nin un pino por queimar».

Precisamente, está previsto que el alcalde, Luis Oujo, se reúna el martes con las tres comunidades más afectadas, así como con los ganaderos y algunos vecinos, para ver cuáles son las necesidades más urgentes. El miércoles habrá otro encuentro con la conselleira de Medio Ambiente.

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