El paro también llega en diferido


A menudo suelen atribuirse erróneamente citas históricas a ciertos personajes, que acaban aferrándose de tal forma al pensamiento colectivo de la sociedad hasta convertirse en una verdad indiscutible. Algunas de ellas son tan acordes con la visión preconcebida hacia esas figuras, que bien pudieran haber salido de su misma boca. Es el caso de la Francia revolucionaria, cuya propaganda fue vital para levantar al pueblo en armas contra la monarquía absolutista del rey Luis XVI.

Posiblemente extraído de las Confesiones de Rousseau -donde el escritor menciona a una princesa anónima-, se le adjudica a María Antonieta la pregunta formulada durante un paseo, de por qué el pueblo hambriento parecía tan desdichado. Tras explicarle el cochero que no había pan, ella habría respondido: «Si no tienen pan, que coman pasteles». Sí, decepciona la mentira, pero ilustra perfectamente la desconexión de quién ostenta el poder ante las capas más desfavorecidas de la población.

A veces los titulares pueden cumplir esta función, si no se bucea y profundiza en la información, claro está. El ejemplo en el que me escudo no es otro que el de las habituales lecturas del paro registrado. Los períodos de Navidad, Semana Santa y los meses de verano son el estandarte del que se abandera el político. Y en base a esto, el país entero debería echar cohetes, pues ayer llegaban a las redacciones cifras históricas de la bajada del desempleo. Sin embargo, nadie escuchará en una rueda de prensa -sindicatos aparte- el: «Pero». Pero es que la estacionalidad es clave para entender este factor circunstancial.

Como anillo al dedo han llegado estos índices, tan solo días después de que las portadas de las principales cabeceras nacionales abrieran con una nueva retirada de la llamada «hucha de las pensiones», el fondo de reserva de la Seguridad Social. 8.700 millones de euros, esa es la cantidad nuevamente retirada por el Gobierno para hacer frente a la paga extraordinaria de la nómina de julio de los funcionarios y, como el otro titular, se trata de otro récord. Excepto que este no incluye a los jóvenes que trabajarán sin descanso en chiringuitos por una miseria, ni a los contratos de 24 horas de las Empresas de Trabajo Temporal.

Siguiendo la línea inicial, me alivia saber que muchas frases que actualizan de aquel distanciamiento entre la élite y el vulgo son falacias. Así aquella declaración del cargo de la CEOE José Luis Feito de que hay que aceptar trabajo «aunque sea en Laponia» o la enésima promesa electoral de Mariano Rajoy de no tocar las pensiones nunca existieron. Esperad, puede que estas sí se hayan pronunciado.

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El paro también llega en diferido