«Parece un hombre»


Lydia Valentín es una de las mujeres más fuertes de Europa. Practica halterofilia, deporte consistente en coger una pesa del suelo y levantarla por encima de la cabeza, así de fácil y así de difícil.

Cuando en la tele ponen una peli de acción con protagonista femenina y la heroína es Angelina Jolie en Tomb Raider, yo creo que Lydia se tiene que enfadar. Se enfada porque sabe que para saltar como Lara Croft hay que tener unos cuádriceps más grandes, para cargar las metralletas de Mila Jovovich en Resident Evil, hay que tener unos trapecios más desarrollados. Pero no, Hollywood nos vende a estas bellísimas mujeres de 50 kilos con las habilidades físicas de Stallone. Y son mentira, son una horrible mentira que repercute negativamente en las deportistas como Lydia, verdaderas heroínas que, no solo tienen que vencer atléticamente a sus rivales sino también a los cánones de belleza auto impuestos por la frivolidad occidental. De Lydia dicen: «Parece un hombre», reduccionismo absurdo de los que no ven las horas de entreno, dieta, lesiones, invisibilidad por practicar un deporte minoritario, marginación por ser mujer en un deporte minoritario y de fuerza?

No se puede nadar como Mireia Belmonte sin el cuerpo de Mireia, pero el día que hagan una película de su vida escogerán a Cameron Díaz, con lo que seguirán perpetuando la existencia de desaprensivos que digan de la mejor nadadora de España: «Uy, qué espalda, no me gusta su cuerpo». No, no es que no te guste, es que no lo entiendes. Tiene el cuerpo perfecto para lo que ella ama, que es lo único que debería importar.

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