Barbanza incineró a sus meigas

La comarca vivió un intenso San Juan en el que no se produjeron incidentes ni las típicas gamberradas


ribeira / la voz

La comarca amaneció ayer con sabor a cenizas, pero sin ninguna meiga a la vista. Y lo cierto es que la pasada noche de San Juan dejó un balance más que positivo. Ni un solo incidente que lamentar en cada uno de los once concellos del área barbanzana. Todo un éxito si se tiene en cuenta el componente de peligrosidad que conllevan los cientos de saltos sobre el fuego.

En Ribeira, la ya mítica hoguera de Palmeira fue uno de los puntos de mayor congregación, donde no faltaron sardinas y churrasco para una fiesta disfrutada por igual entre adultos y pequeños. A Pobra se arremolinó en torno a A Lombiña y a la playa de O Areal, en esta última para gozar de unas de las llamas más grandes de toda la localidad.

En Oleiros, la asociación vecinal no se rindió, ante la prohibición de prender fuego sobre el suelo de la plaza del centro social. En su lugar recrearon tres cacharelas: una digital proyectada, una de cartón en la que la presidenta ardió vestida de bruja y una pequeña simbólica con madera y una vela dentro.

Hogueras dispersas

Porto do Son optó por un banquete en el puerto, al que acudieron numerosos vecinos. No obstante, no faltó quien prefirió desplazarse a la playa de Ornanda. Situación similar se vivió en Rianxo, ya que su zona portuaria agrupó a la mayoría de la gente con múltiples hogueras y churrascadas, aunque la de O Pazo volvió a brillar un año más.

En Boiro locales como el bar Barbantia o el Kirs organizaron su propia cita culinaria. Mientras, los vecinos de Praia Xardín recuperaban el esfuerzo invertido en realizar su cita sonriéndole al fuego. Los noieses no tuvieron grandes aglomeraciones, mas eso no impidió que grupos de amigos se juntasen por su cuenta.

Si los carnotanos pueden volver a presumir de iluminar el cielo de Sanmamed y O Pindo, en Muros la cita del arenal de O Castelo volvió a contar con una gran presencia del gentío. Sin que supusiera una merma de la de Serres, que además celebraba el día de su patrón. Mención especial merece cada hogar de la comarca por juntarse al calor de las familias. Esa sí es la auténtica magia.

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