Cuando la vida se convierte en tu gran maratón

Cuenta con la cuarta mejor marca europea de la mayor prueba de larga distancia, lograda en Berlín


Podría decirse que la primera maratón que corrió María Yolanda Gutiérrez Robles (Boiro, 1982) empezó el mismo día en que nació. Su madre daba a luz dentro de una casa de la pequeña aldea de Comoxo, sin opción de trasladarse al hospital a Santiago, ya que su padre estaba embarcado en ese momento.

La pequeña creció en Cabo de Cruz hasta los 8 años, cuando se produjo un acontecimiento que condicionaría su vida para siempre. Sus padres fallecían, quedando huérfana. María Yolanda Gutiérrez fue trasladada junto a sus hermanos a un centro de acogida de menores en Arteixo, A Coruña. No tuvo precisamente una infancia en la que le inculcasen valores deportivos.

En la actualidad, aquella niña se ha convertido en atleta de élite y en uno de los mayores activos del equipo Maeloc Way. Su incansable dedicación la ha llevado a que su nombre se asocie con proezas como acabar décima en la maratón de Berlín -con la mejor cuarta marca europea- o alcanzar también el cuarto tiempo de esta prueba a nivel nacional. Mas hubo una época en que sus pasos eran alentados por motivos muy distintos al de competir.

Aprender a resistir

«Viví en un ambiente antideportivo, hasta el punto de que fumaba de muy jovencita», con 14 años la boirense fue acogida por una familia, pero no funcionó y acabó volviendo a otro centro coruñés, esta vez de carácter religioso. Finalmente otra pareja, «los llamo papá y mamá a día de hoy», acabó sacándola de allí.

«Nunca hubo mucho tiempo para el ocio, venía con muchas lagunas educativas y tenía que ponerme al día», explicó Gutiérrez del cambio, al entrar en una familia que priorizó su formación ante todo, frente a los años «gamberros» de aquella «mini cárcel», tal y como la apodaban los niños que se alojaban en ella. Su ficha llegó a superar el número 200.

La carrera de fondo por la supervivencia guio en gran medida sus estudios superiores. Se licenció en la carrera de trabajo social y poco después comenzó a ejercer por distintos puntos de la geografía gallega: «Tomaba los trabajos que nadie aguantaba». Al fin y al cabo, poseía esa empatía propia de quien vivió situaciones similares en su propia piel.

Por aquel entonces, preparaba las oposiciones mientras era educadora en varios centros de menores los fines de semana. Un día una amiga con la que estudiaba la invitó a correr y, para su sorpresa, aquella joven que nunca había practicado más deporte que salir a bailar mostraba una resistencia inaudita. De vuelta en Santiago, calzarse las zapatillas y salir a correr por las noches se volvió su vía de escape, su senda hacia la liberación. Acabó aprobando y consiguiendo la plaza en el Sergas.

Calzarse las zapatillas

Indagando por la Red encontró a un grupo de atletas con los que siguió creciendo deportivamente. Su competición inicial fue la carrera popular de Santiago, la completó sin gran dificultad y empezaron a sucederse los oros en pruebas de este tipo, hasta que corrió su primera media maratón quedando en tercer puesto.

«Cogía las vacaciones para poder competir», los entrenamientos se tornaron en su segunda odisea, con jornadas que empezaban a las seis de la mañana para entrar a trabajar a las ocho menos cuarto, parar a comer donde pudiese y volver a adiestrar hasta la noche. Su tiempo de sueño a veces duraba solo tres horas.

Pero no solo eso, cuando obtuvo la cuarta mejor marca de España en maratón tuvo que declinar la invitación de la federación nacional, al igual que lo había hecho antes con su homóloga gallega. Bajo esta disciplina, las calles de Berlín se rindieron ante ella siendo la décima en cruzar la meta. A diferencia del resto no portaba un dorsal de élite. De ser así hubiera quedado novena.

Hasta que el año pasado el equipo de Maeloc Way le propuso patrocinarla. No dudó, solicitó una excedencia y se lanzó a preparar la mínima para los Juegos Olímpicos. Una lesión le impidió presentarse a la prueba de Sevilla que llevaba preparando todo el año, pero se resarció disfrutando de el maratón de Nueva York, el más difícil del mundo.

Sus objetivos la llevarán a curtirse en el circuito gallego, de cara al calendario nacional y a la próxima cita olímpica. Puede que vean la meta lejos, pero solo los que no se rinden llegan a tocarla.

Su meta: si la vida se entendiese como un maratón, su kilómetro 42 pasaría por correr las 6 «major»: Tokio, Chicago, Boston, Nueva York, Londres y Berlín. Pero su podio es llegar a ser madre algún día y disfrutar de sus futuros hijos.

Mejores marcas:

-Maratón: 2:38:18.

-10 km en ruta: 34:47.

-1/2 maratón: 1:15:58.

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