El Seprona rescata a 15 vacas desatendidas en varios prados y una cuadra de Boiro

Javier Romero Doniz
JAVIER ROMERO RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

Las denuncias presentadas en la Fiscalía y la Guardia Civil por Vox Ánima fueron clave

23 abr 2016 . Actualizado a las 13:32 h.

Las denuncias presentadas en la última semana por el colectivo animalista barbanzano Vox Ánima han dado pie a la localización, en la parroquia boirense de Abanqueiro, de quince vacas en un estado de «abandono absoluto». Según se recoge en la denuncia estaban repartidas entre dos prados y las cuadras de la vivienda de su propietario sin las condiciones mínimas que se requieren para poseer estos animales. Con lo que sí cuenta el ganado es con la documentación en regla y las pertinentes identificaciones, según figura en la citada documentación. Voz Ánima, además, está a la espera de que el Juzgado número 2 de Ribeira, que instruye este posible caso maltrato animal, decida si las reses son trasladadas a un santuario de Santiago para ser atendidas debidamente.

El Seprona, explican en Vox Ánima, se desplazó en el día de ayer a la citada vivienda de Boiro para proceder al decomiso cautelar de los animales, que presentaban signos evidentes de desnutrición. Además, las vacas que estaban en las cuadras de la vivienda no podían tumbarse para dormir debido a la gran cantidad de purín (alcanzaba medio metro de altura), y tampoco contaban con un espacio suficiente para moverse mínimamente. Las mismas fuentes consultadas explicaron que este ganado también carecía de agua y comida.

La investigación comenzó hace un mes gracias al aviso de un vecino al colectivo Vox Ánima que alertaba de la presencia de una vaca atada a una pica, a través de una soga, sin alimento ni agua. El mismo vecino explicaba que el animal podía pasar varios días en esas condiciones. En ese momento, varios integrantes del citado grupo animalista iniciaron un seguimiento de semanas que permitió la localización de otros ejemplares en un prado próximo en el que, parece ser, malvivían en las mismas condiciones. Además, las sogas que rodeaban sus cabezas les habían provocado heridas profundas. El problema es que, al cicatrizar, la piel que iba naciendo se adhería al cordel y esto provocaba gran dolor a las reses.