Donde el trayecto por carretera acaba siendo una montaña rusa

La emociones fuertes están servidas para los vecinos, que lidian a diario con abismos sin quitamiedos, baches y curvas imposibles


Boiro / La Voz

Quienes transitan a diario por las pistas que conducen a las aldeas de la montaña de Boiro tienen garantizado, quieran o no, un recorrido plagado de emociones fuertes. La ruta comienza en la base de la pendiente, junto a la cantera de Runs, donde un pequeño tramo recién asfaltado se corta de repente para adentrarse de lleno en un vial municipal en el que afloran los baches cada dos por tres. «É como poñernos un caramelo na boca para despois quitárnolo», señala uno de los vecinos de la zona. Sus reclamaciones han servido para que se tapen puntualmente los socavones, pero no dejan de ser tiritas para una calzada que se desfragmenta por tramos, arreglada en tiempos de Jesús Alonso.

Y comienza el ascenso hacia Balteiro por una pista que se estrecha por momentos y en la que a duras penas caben dos coches cuando se cruzan, más cuando el conductor maneja un autobús si hay un entierro. Dicen que pocos chóferes se prestan a hacer este trayecto. Curvas y más curvas se suceden hasta llegar a una de las vistas más buscadas del litoral boirense. La imagen es digna de postal, pero es difícil de disfrutar cuando acecha el temor constante de que aparezca un coche en sentido contrario y no cuadren los cálculos en el ancho del asfalto para ambos.

La montaña rusa continúa su escalada y hace parada en una curva en la que el vértigo se hace patente. «Aquí dous coches non collen», indica un conductor mientras las ruedas de su turismo circulan a centímetros de un abismo sin quitamiedos. «Por aquí ven todos os días a miña sobriña e pasa medo», continúa. «En verán tamén se mete por aquí o microbús que vai do instituto de Barraña ao Praia Xardín e é un perigo», añade.

Un par de pases canadienses, alguno roto, en donde se quedó por el camino el cárter de un automóvil, recuerdan a los saltos sobre los rieles de la montaña rusa antes de comenzar la bajada más trepidante. Es ahí donde tomamos el desvío en descenso extremo hacia Cures. Una pista que, por su estado, ha caído en desuso y para acudir a la iglesia muchos son los que optan por dar la vuelta para evitarla.

Un arreglo «no inmediato»

El mandatario popular, Juan José Dieste, reconoce el mal estado en el que se encuentran ambos viales. Piensa arreglar «a lo largo de esta legislatura» la que une Runs y Balteiro, pero descarta la posibilidad de llevar a cabo obras en la que llega hasta Cures, por ser un vial secundario que «apenas se usa». Aclara que el pequeño tramo de firme recién asfaltado en Runs lo hizo una empresa privada. El regidor boirense asegura que la obra a cargo del Concello «se hará, pero no de forma inmediata».

Curva sin quitamiedos. Tras cortar los árboles que había en la pendiente, la sensación de vértigo se acrecienta sin vallas de seguridad en el punto.

Afloran baches. Con las últimas lluvias han aflorado en el firme los baches que en su día se intentaron subsanar con arreglos puntuales.

Vial hacia la iglesia. Un trayecto de curvas imposibles y un firme en avanzado deterioro hacen del viaje a la iglesia de Cures, por la vieja carretera, una prueba de conducción extrema. fotos carmela queijeiro

El límite del bien. La diferencia entre el firme de la pista que asciende a las aldeas de la montaña y la que va hacia Cures es evidente a simple vista.

Un problema en invierno. La mala canalización del agua que desciende de la montaña dificulta la circulación, especialmente en época de lluvias.

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