Un conjunto bien conservado que precisa de constante vigilancia

Las construcciones mantienen la esencia típica pero hay aspectos que deben mejorarse, como el cableado aéreo o algunos empedrados  


Muros está considerada como una de las localidades más hermosas de Galicia. A ello contribuye la belleza arquitectónica de sus construcciones, pero también el hecho de que sus habitantes hayan conservado la esencia de la manera de edificar, compaginando la necesaria utilidad doméstica de los inmuebles con un peculiar diseño. Un lugar, en el que sus moradores tuvieron y tienen la actividad pesquera como principal fuente de recursos, también se acondicionó para posibilitar el crecimiento de un pueblo privilegiado por la historia.

Fue en el siglo X cuando se inició la construcción de la villa, que estuvo amurallada, como verdadero pueblo medieval, con gruesas paredes realizadas a partir del siglo XV. La orografía adversa del lugar, con escasa superficie entre el mar y el monte, condicionaron las construcciones, haciendo necesario recurrir a continuos caminos en cuesta, salvándose las pendientes con escalinatas y estrechos callejones, para dar acceso a todas las viviendas. Casas estrechas, donde el bajo era empleado como espacio para enseres de pesca, pequeños ventanales y alturas que no rebasaban las dos plantas.

Lo más característico del pueblo es la sucesión continuada de soportales a lo largo de la fachada marítima. Predominan los arcos de medio punto, pero también hay otros más irregulares e, incluso, alguno ojival. Esta forma de edificar llegó a la parte interior de la villa, pues en las proximidades del mercado de abastos, y sobre todo en la conocida como plaza de la Pescadería Vieja, la mayoría de las viviendas también disponían de soportales. Solución arquitectónica, dicen unos, decisión o mandato estético, opinan otros, y la mayoría creen que los soportales se realizaron para cobijar las embarcaciones en invierno, servir de almacén de útiles de pesca y de lugar para reparación de aparejos.

En los laterales

Lo más curioso de los soportales es que no solo se realizaron en el frente de las viviendas que dan a la bahía, sino que también se emplearon en los laterales de los inmuebles, lo que posibilita una senda peatonal cubierta casi a lo largo de todo el pueblo. 

En 1970, el gobierno local, presidido entonces por Fernando Rey, decidió solicitar la declaración de conjunto histórico-artístico, hecho que se consumó en la primavera de ese año. El acuerdo municipal fue muy polémico entonces, y aún hoy hay quien lo cuestiona, debido a las limitaciones constructivas que supone. 

Pese a la belleza de las construcciones, hay elementos mejorables, como edificios en ruinas o el empedrado de algunas plazas y calles. Asimismo, deben evitarse los cableados eléctricos que penden sin razón en algunos lugares del pueblo. 

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Un conjunto bien conservado que precisa de constante vigilancia