La carrera en la que la tras la línea de meta se halla la solidaridad

Alumnos de los institutos de Barraña y Espiñeira participaron en una cita benéfica a favor de niños de Burkina Faso


Ribeira / la voz

Pies en polvorosa. Tocaba poner tierra de por medio ante el peor de los enemigos. Solo que contra lo habitual en cualquier escapada, el peligro no viene pisando los talones. Al menos no literalmente. Porque para los jóvenes de Burkina Faso ya no sirve ni esa frase de «se les acaba el tiempo». Tras décadas de revueltas y golpes de Estado, que solo se aplazan ante constantes conflictos con los países vecinos, la concepción temporal ha terminado por difuminarse.

Pero el esfuerzo que realizan organizaciones como Save The Children intenta marcar la diferencia. Algo que no sería posible sin la ayuda de los particulares desinteresados, que ayer adoptaron la identidad de 220 estudiantes de secundaria de los institutos de A Cachada y de Espiñeira. Por cuarto año consecutivo, las profesoras de religión, Ángeles Fernández y Teresa Ferreirós promovieron en colaboración con el departamento de Educación Física una carrera solidaria con un motivo demoledor.

«¿Cómo que por qué corro? Corro por la paz». Esta respuesta proviene de un chaval de 12 años, confuso ante una pregunta que consideró terriblemente obvia. Diego Vidal fue uno de los participantes de primero y segundo de ESO, que se dejó la piel en un pequeño circuito trazado en el paseo marítimo de Barraña.

Moverse es ayudar

Xoán Fernández, el profesor de Educación Física de A Cachada, explicó que el total recaudado se calculaba mediante un carné donde se registraba a los patrocinadores que habían conseguido previamente, para emplear como multiplicador el número de vueltas que lograsen dar en poco más de veinte minutos.

«Aquellos niños no pueden optar a nuestros mismos privilegios, estamos concienciando al mundo», explicó Carla Ballestero de 15 años apoyada por Andrea Outeiral, también de cuarto de ESO: «Aínda que non sexa moito damos visibilidade». Estas alumnas de 15 años, junto a sus compañeros de clase, estaban encargadas de contabilizar cada paso por la línea de meta.

«Algún rapaz non correu, pero todos colaboraron, por exemplo un díxome que se quitaba das chucherías dese día para aportar unha pequena cantidade», comentó Ángeles Fernández, una de los once docentes que integraron la organización de este acto, que en años anteriores se orientó a Etiopía o a Mali. Teresa Ferreirós también declaró que el número de corredores aumentó en esta edición y se esperaba superar los 1.300 euros obtenidos el año pasado.

«Paréceme unha actividade positiva, fan exercicio e á vez axudan á xente», afirmó el joven Alejandro Places que no tuvo la oportunidad de correr en su momento. Sin embargo, nunca será tarde para la solidaridad.

Nervios similares a los de una competición oficial. El inicio de la carrera recopiló sonrisas escondidas entre multitud de gestos de seriedad, dignos de quienes son conscientes de esta gran lucha.

Unos profesores ejemplares Esta iniciativa, en conjunción con la ONG Save the Children, no habría podido ser posible sin la actuación del equipo docente de los dos institutos.

La responsabilidad de cada paso Algunos chicos tuvieron la posibilidad de correr, ya que en su curso no se celebró este encuentro, pero alentaron a sus amigos sin pausa.

Los mayores también colaboran Los alumnos de cuarto de ESO se encargaron de contabilizar las vueltas realizadas, anotando cada dorsal que cruzaba la línea de meta.

Cada vuelta suma A pesar de que estos jóvenes exhaustos lo dieron todo, quisieron convertir su aliento en donaciones hasta el último minuto del reloj. Carmela Queijeiro

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