Enero, entre la cuesta y las rebajas


Enero es un mes de contrastes. Durante el comienzo del mismo la ilusión se instala en la mirada de los más pequeños al contar los días que restan para ver por las calles de su localidad a los Reyes Magos desfilando. Los adultos vuelven a sentirse niños, más todavía cuando tienen en la familia a alguno de los jovenzuelos descritos al principio del texto. El inicio del mes de enero es querido por casi todo el mundo, bueno, menos el día 1, que podría considerarse la jornada mundial de la resaca. Poca gente se puede ver por la calle en las horas centrales. Durante la mañana sí que hay ambiente, aunque sean los restos de la noche, y cuando el sol se esconde, si es que lo hubo, los más atrevidos abren las persianas de sus habitaciones y hacen el típico desayuno, comida o cena, de año nuevo.

Enero es un mes incomprendido, odiado y querido, porque cuando Sus Majestades vuelven a oriente y los regalos ya se han desempaquetado, todos nos damos cuenta de que se acabó la Navidad para dar paso a la tan temida y famosa cuesta, que parece que tiene una pendiente tan pronunciada que ni Eddy Merckx, Miguel Indurain o Chris Froome podrán ascender. La sociedad ha condenado al ostracismo a los 31 primeros días dibujados en el calendario, repudiados por sufrir las consecuencias de los movimientos bancarios hechos, principalmente, en diciembre.

Pero el ser humano es impredecible. Si bien todos tememos a la cuesta de enero, no es menos cierto que una gran mayoría se olvida de ella cuando ve el cartel de rebajas en los escaparates de las tiendas y de los centros comerciales, donde no es extraño ver colas a primera hora de la mañana para cazar las gangas antes de que otra persona se las lleve. Por ello la pendiente de la montaña de enero es progresiva, o eso parece que queremos creer. Porque al principio el pedaleo es constante, incluso algunas veces nos levantamos del sillín para coger más impulso, aunque sabemos que los porcentajes más elevados se encuentran cuanto más cerca estamos de la cima. Hacemos caso omiso de los consejos de los profesionales, que siempre dicen que hay que saber dosificar y reponer fuerzas durante el ascenso para no llegar extasiados a la meta. Nos quejamos de que en enero tenemos que apretarnos el cinturón después de los excesos navideños, pero siempre picamos algo entre tanta etiqueta con precio rebajado, aunque realmente no nos haga falta.

Este año, aún por encima, enero llega de la mano de temporales cuando en diciembre los termómetros marcaban unas temperaturas inusualmente elevadas, que por otra parte no dejan de ser preocupantes. Los estereotipos están a la orden del día y enero no se librará del suyo, aunque muchas veces la fama sea inmerecida.

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