El renacimiento del castro de Baroña

El yacimiento sonense recuperó, tras un lustro de campañas arqueológicas ininterrumpidas, el estado original de las murallas y viviendas que estuvieron habitadas durante cinco siglos


RIBEIRA / LA VOZ

El castro de Baroña es uno de esos iconos turísticos a los que precede la fama. A medida que uno va descendiendo por el sendero que desemboca en el asentamiento, y empiezan a asomar por el horizonte sus muros y las estructuras circulares de sus viviendas, entiende rápidamente el por qué de la fama que atesora esta joya de la cultura castreña que estuvo poblada, de forma ininterrumpida, durante cinco siglos. Pero más allá del misticismo que evoca, y de las miles de visitas que recibe anualmente (100.000 es la estimación oficial), lo cierto es que, a día de hoy, el mejor ejemplo de castro costero de Galicia evidencia un sobresaliente estado de conservación. De ello es responsable el trabajo progresivo realizado por la Administración gallega, que comenzó en el 2010 y tuvo su última actuación este mismo año, sumando una inversión global de 260.000 euros.

Hace ahora un lustro, el castro evidenciaba carencias y abandono, lo que dio pie a la elaboración de un completo estudio topográfico cuyo diagnóstico resultó incontestable: el yacimiento estaba comatoso y requería la intervención urgente de expertos. Una vez determinadas las patologías llegó el momento de ponerse manos a la obra tras 16 años de inacción. El objetivo era corregir los graves problemas de conservación de la primera muralla y del foso, además de adecuar la parte sur de la segunda muralla, recuperando ambas estructuras defensivas su monumentalidad original. De las actuaciones diseñadas desde San Caetano se encargaron los directores Luis Francisco López y Miguel Ángel López.

Mejora de la accesibilidad

Durante el 2013 y el 2014, la Xunta autorizó otras intervenciones, que contaron con la estrecha colaboración del Concello de Porto do Son, para mejorar la accesibilidad al asentamiento para personas con movilidad reducida. Además, se incidió, con una nueva actuación, en la adecuación del foso de la muralla exterior, estructura que los expertos consideran clave para salvaguardar el yacimiento.

En el año que termina, los arqueólogos concentraron sus esfuerzos en acondicionar y consolidar las estructuras que hay en la parte más elevada del recinto principal. El objetivo era realizar una intervención arqueológica de carácter preventivo para acondicionar y consolidar esa zona y prevenir daños estructurales en el futuro, sobre todo por el efecto erosivo que generan el mar y el viento en este cabo rocoso, algo que ya se advertía en el estudio topográfico redactado en el 2010.

La actuación correspondiente al 2015 sirvió para dejar a la vista la totalidad del lienzo exterior de la muralla que delimita el recinto principal (con la excavación en su exterior), y se consolidó la estructura para garantizar su protección y conservación, y, de paso, mejorar su lectura e interpretación. Pero más allá de los trabajos de mantenimiento realizados, y que eran imperiosos, hay que destacar la vocación que, desde el principio, se ha tenido para recuperar la estructura original del yacimiento y la dotación de servicios para el visitante como paneles formativos o papeleras, estas últimas imprescindibles para mantener unos mínimos de limpieza que hasta unos años no existían.

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