RIBEIRA / LA VOZ

El hundimiento del Paquito Nº Dos, del que se cumplió ayer un año, provocó tal angustia en Boiro, principalmente, y en la comarca, en general, que con el paso de las semanas fue mudando en incertidumbre por las incógnitas que siguen rodeando el naufragio y el paradero, todavía desconocido, de dos de sus tres tripulantes. Solo José Germán Fernández, el patrón, fue localizado a la jornada siguiente muy cerca de la isla de Sálvora, a más de 13 kilómetros de distancia del punto en el que este bateeiro propiedad de la empresa Paquito se fue a pique.

El recuerdo de los otros dos marineros, Santiago Blanco Treus, Mané; y Antonio Hermo Torrado, Raúl, dio pie a un sonado movimiento social, promovido por sus propios familiares, para lograr la reflotación del pecio que acabó en el fondo del océano, posiblemente por un golpe de mar, cuando navegaba frente al faro de Corrubedo con destino a Muros. Fue precisamente este icónico punto de luz del litoral ribeirense el que sirvió como lugar de encuentro y de coordinación para los integrantes del operativo que durante semanas se encargó de las labores de vigilancia para encontrar los cuerpos de Raúl y Mané.

Navidad en el faro

Uno de los momentos más duros, y que también sirvió para poner de manifiesto el compromiso de entidades como Protección Civil de Ribeira y Boiro, llegó en Navidad. Un batallón de voluntarios, junto a familiares y amigos de los dos marineros desaparecidos y del propio José Germán Fernández, mantuvieron firme la vista, no solo en el horizonte de Corrubedo, sino también en cada piedra, coincidiendo con cada una de las mareas, para localizar los cuerpos de Raúl y Mané y poder darles sepultura.

Los dispositivos de búsqueda se mantuvieron hasta el 28 de diciembre del 2014 (incluyendo la jornada de Navidad). Pero unos días antes, el 22, un grupo de buzos de Salvamento Marítimo y del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) realizó las primeras inmersiones para saber si los cuerpos de los dos marineros estaban en el pecio. La respuesta fue negativa. Luego llegaron otras actuaciones iguales, pero con el mismo resultado.

Los primeros meses del 2015 son cruciales para entender toda la repercusión social que acabó teniendo el hundimiento del Paquito Nº Dos. La empresa armadora, aunque no lo publicitó, trabajó, tal y como se había comprometido con los familiares de la tripulación, para reflotar el barco y despejar definitivamente la sospecha de que Mané y Raúl pudieran estar en la bodega. El problema, tal y como trascendió el pasado 1 de octubre, fue que los trámites burocráticos se ralentizaron por cuestiones ajenas a la compañía.

Primero hubo que lidiar con Capitanía de Vilagarcía, que obligó a realizar un proyecto técnico de la maniobra por una ingeniería naviera, además de aportar cada detalle de la actuación. Una vez lista esta parte, la firma recibió la notificación de que los trabajos de izado pasaban a ser competencia de Capitanía de A Coruña, que ordenó nuevos trámites.

De despacho en despacho

Lejos de llegar a buen puerto con sus gestiones, la empresa Paquito fue informada de que la Armada sería, desde ese momento, el nuevo interlocutor al que tendría que dirigirse. Y entre una cosa y otra pasaron siete meses, tiempo que la armadora consideró suficiente para valorar que el pecio estaba degradado. Aún así, se contrató a una empresa para hacer nuevas inmersiones y descartar que los cuerpos de los dos tripulantes estuvieran en el pecio. Al igual que en ocasiones anteriores, los buzos no encontraron nada.

A medida que la primavera avanzaba empezó a coger forma una plataforma vecinal, liderada por familiares de Mané y Raúl, que exigía la reflotación. Tres movilizaciones, una en Cabo y dos en Boiro, demostraron el respaldo social que despertó la causa. Incluso la corporación municipal, en pleno, aprobó un texto de apoyo presionada por decenas de vecinos que se personaron en el salón noble. Fue a partir de esa respuesta social cuando la armadora aceptó negociar con la plataforma. De hecho, la colaboración fue total desde la primera reunión, y solo se vio enfangada por el secretismo que rodeaba algunas cuestiones y que despertaba suspicacias en el seno de Paquito. Finalmente, y tras semanas de tiras y aflojas, la empresa cedió el barco a una compañía que se encargará, primero, de inspeccionar el barco y, posteriormente, de izarlo. Eso sí, sin que nada de este proceso, y su posterior actuación, pueda afectar a la armadora.

A día de ayer

Según explicaban ayer en la plataforma y en Paquito, la documentación necesaria para hacer la ansiada inmersión, aunque con retraso, se completó en los últimos días y está previsto entregarla esta semana en Comandancia de Marina de Vigo, que tiene que dar la autorización. Lo que parecen tener claro todas las partes es que ese trabajo no podrá realizarse antes de Navidad, como era el deseo de los familiares de Mané y Raúl, para poder pasar estas fiestas con la tranquilidad que implica saber que sus seres queridos descansan en paz y bajo tierra, no en el fondo del mar.

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Un año de inquietud en torno al «Paquito»